Por una motivación bien entendida

José Mª de Moya
Director de Magisterio
28 de febrero de 2017
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Desde hace varias semanas estamos de gira, junto con Smart Technologies, con la jornada “Motivación, aprendizaje y tecnología” que está despertando gran interés. No es para menos porque pone el foco en uno de los debates educativos más interesantes del momento: ¿pedagogía de la motivación o pedagogía del esfuerzo? Un debate falso y dualista como, por otra parte, suelen ser la mayor parte de los debates educativos. Véase: ¿calidad o equidad? ¿enseñanza o Educación? ¿contenidos o competencias? etc., etc.

Digo que es un debate falso porque estamos contraponiendo dos conceptos que deberían ir de la mano si se entienden correctamente. Porque la motivación nada tiene que ver con hacer las clases amenas, ni siquiera atractivas y mucho menos divertidas. El peso de la motivación recae fundamentalmente sobre la actitud del alumno, sus creencias y valores; no sobre la capacidad de motivación del profesor, al que, otra vez, se quiere cargar con la responsabilidad de hacer de profesor, alumno y padre, todo en uno. Resulta pertinente aquello de Marina: “Los alumnos no se aburren porque la clase sea aburrida; la clase les resulta aburrida porque están aburridos”. En definitiva, esfuerzo y motivación irán de la mano si entendemos esta última como un músculo de la voluntad y no como un simple recurso emocional que facilita el aprendizaje al suministrarle un placer efímero. La Brookings Institution publicó un informe a partir de datos PISA en el que se evidenciaba que la motivación entendida solo como “interés por aprender” o “confianza en las propias capacidades” no mejoraba los resultados escolares.

Por el contrario, motivación equivale a esfuerzo, compromiso, perseverancia, actitud, valores… Así entiende la motivación PISA in focus en su informe ¿Tienen los estudiantes la motivación para lograr el éxito? “La aptitud y el talento pueden ayudar en las materias particulares de la escuela, pero la excelencia puede ser lograda solo si los estudiantes se esfuerzan y tienen la perseverancia necesaria. En muchos casos, los estudiantes con menos potencial natural, pero con una gran energía, perseverancia y capacidad para el trabajo tienen más probabilidades de lograr el éxito que aquellos que son talentosos pero tienen poca capacidad para fijar objetivos ambiciosos”.

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