Escuelas Creativas: un cambio que se sueña

Martes, 14 de noviembre de 2017
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El cambio es un viaje, no un proyecto establecido. En un proceso de cambio, no todo es el resultado de la planificación y de seguir un camino perfectamente trazado sobre un mapa. Durante el viaje, muchas ideas surgen fuera del mapa o, si lo hacen dentro, es en sus márgenes, en aquellos lugares a los que prestamos menos atención, donde las cosas están menos claras, son más inciertas y los detalles están algo borrosos de tanto plegar y desplegar el mapa.

La innovación y el cambio casi siempre surgen lejos del centro, en las periferias, en las zonas olvidadas, donde hay más dificultades. Una receta manida, canónica, intocable, se transforma primero por los bordes, retocando una salsa, pintando una nueva presentación. Luego, puede crecer, transformarse, evolucionar hasta perder su vínculo con el plato original.

La innovación aparece en esos lugares donde se permiten las anotaciones, el desorden, la mezcla y la hibridación. En la convergencia entre saberes fronterizos o al unir ámbitos tradicionalmente separados. Escuelas Creativas surgió con la vocación de reunir mundos distintos, visibilizar lo pequeño, acercar lo remoto, superar el aislamiento y ser un lugar de encuentro de ideas y personas.

El punto de partida no puede ser más remoto, la experiencia de un restaurante en Cala Montjoi, un rincón de la Costa Brava desde el que se cambió la historia de la gastronomía mundial.

Pero este punto de partida, por ajeno que parezca al mundo educativo, posee dos virtudes incontestables: la legitimidad de la experiencia (el caso de elBulli, aún hoy, se estudia en las grandes escuelas de negocios) y la virtud de hablar un lenguaje universal: la cocina, un hilo conductor que es, por naturaleza, una mezcla, un híbrido.

Como en la alta gastronomía, los procesos de cambio escolar nunca son abstractos. Todo lo contrario, son reales, encarnados, concretos, situados y contextualizados. Un gran restaurante requiere de una hoja de ruta, un menú, una materialización de su discurso. Servir un plato de humo es justo eso, materializar en un pequeño vaso una declaración de intenciones.

Arrancar un proceso de cambio pasa por asumir que cada realidad escolar es distinta y que cada comunidad educativa es diferente. Iniciar un proceso de mejora escolar pasa también por aceptar que el cambio no es algo estrictamente técnico. Que el cambio escolar está lejos de ser una actividad lineal y racional. Que los procesos de mejora son complejos y siempre están cargados de incertidumbre. Que suponen un cambio de mentalidad, expectativas, valores, metas y concepciones. Asumir que no hay atajos para la mejora escolar.

Tampoco hay metodologías válidas para todo y para todos. En estos tiempos de modas metodológicas no está de más recordar que la complejidad del acto de educar no pide metodologías únicas sino diversidad metodológica. No hay ningún método que hoy pueda pretender dar con la solución óptima para todos los problemas de la Educación y de la enseñanza, decía en 1931 el pedagogo Decroly.

La Educación, como la gastronomía, debe ser permeable. ¿Por qué han de ser los métodos estructuras rígidas e impolutas? Manchemos los métodos, llenémoslos de anotaciones. Hagámoslos nuestros. Hay cien maneras de cocinar una tortilla de patatas. Otras tantas de presentarla y de servirla.

Por eso, el cambio no se puede prescribir. Nadie puede decir a otros lo que tienen que hacer. Lo importante no se puede imponer por mandato. Cualquier proceso de cambio escolar debe partir de un proceso previo de reflexión por parte de cada comunidad educativa en torno a los objetivos del cambio, los fines de la Educación, el tipo de aprendizaje que se quiere fomentar, el tipo de enseñanza que se requiere para desarrollar ese tipo de aprendizaje y, finalmente, sobre el modelo organizativo que se necesita.

Y pasa, sobre todo, por recordar que no hay mejora posible sin una mejora de los alumnos, y que cualquier proceso de cambio que no persiga como objetivo final la mejora de los aprendizajes de los alumnos será inútil. Que no hay cambio posible, si antes no tenemos claro quiénes son nuestros alumnos, si no hemos hecho el esfuerzo de entender qué esperan ellos y sus familias de la Educación, si no compartimos previamente lo que entendemos por Educación, si no definimos qué esperamos de nuestro esfuerzo educativo, si no establecemos conjuntamente nuestros objetivos. El cambio educativo nos exige mirar a los ojos de nuestros alumnos y confiar en ellos.

El Proyecto de Escuelas Creativas parte del convencimiento de que el cambio hay que hacerlo con los docentes, un colectivo comprometido, y con las escuelas. Parte de la convicción de que todas las escuelas tienen la capacidad interna de mejora, si se dan las condiciones oportunas. Y que, por tanto, además de centrarse en la mejora de los procesos de aula, se debe trabajar también por desarrollar la capacidad interna de mejora de cada centro escolar. Escuelas Creativas surge de asumir que el cambio y la mejora escolar dependen menos de leyes, reformas y metodologías mágicas, que de proyectos educativos desarrollados por cada comunidad educativa. Surge de entender, como sostuvieron hace años Michael Fullan y Andy Hargreaves, que son los docentes y directores, individualmente y en grupos reducidos, quienes deben crear la cultura escolar y profesional que necesitan.

En elBulli, antes de llegar al menú, una elaboración recorría un largo periplo. Podía partir de un recuerdo individual o de una idea salida del laboratorio. Medio perfilada la idea, se estudiaban sus ingredientes, su historia, sus distintos nombres. Todo. Todo se agitaba, se ponía boca abajo, se descomponía y se volvía a ordenar. Solo cuando se alcanzaba el equilibrio exacto entre innovación, sorpresa e intensidad, entre otros criterios, solo entonces llegaba el plato a la mesa.

Tal vez ese sea un buen camino. Antes de acometer grandes reformas integrales (antes de hacer saltar por los aires la nouvelle cuisine con una gran bomba), exploremos los bordes, probemos, investiguemos, veamos qué funciona.

Escuelas Creativas es un plato que ha conseguido llegar al menú. Disruptivo, inspirador, sorprendente… Parte del resultado del proyecto son un conjunto de materiales realizados por docentes y profesionales de la Educación para ayudar y apoyar a otros docentes y centros educativos en sus procesos de cambio e innovación. Materiales que son el resultado de trasladar al lenguaje y a las prácticas educativas las ideas que sobre innovación y sobre el proceso creativo se han de­sarrollado en los últimos años en elBulliFoundation.

El resultado del Proyecto es, también, un conjunto de proyectos reales de mejora escolar, pensados, diseñados y puestos en marcha por docentes y equipos directivos conscientes de la creciente complejidad de su tarea y de las dificultades y limitaciones existentes, pero ilusionados por la idea de mejorar y adecuar los aprendizajes de sus alumnos a las demandas de nuestro tiempo. Un grupo de profesionales que saben que la enseñanza lejos de ser un asunto individual se ha convertido en un trabajo colectivo y que, como tal, debe hacerse junto con sus compañeros, pero también integrando al resto de la comunidad educativa: las familias, el barrio, los agentes sociales y económicos. Que la incertidumbre, los problemas y las dudas se llevan mejor si son compartidos.

No podemos predecir el futuro, pero sí podemos soñarlo, imaginarlo y proyectarlo. Sí podemos construir utopías educativas que pasan por imaginar visiones de futuro valientes, coherentes, inspiradoras y realistas. En un mundo lleno de miradas catastrofistas sobre la Educación, dice Axel Rivas, necesitamos más que nunca esperanzas practicables e inspiraciones alcanzables. Necesitamos una mirada esperanzadora basada en la creatividad, la innovación pedagógica y la participación.

Quizá una de las mayores lecciones que podemos sacar del Proyecto Escuelas Creativas y de los 17 proyectos de cambio escolar que Escuelas Creativas ha impulsado, es que, como dijo Peter Drucker, el cambio no se gestiona, sino que se sueña.

Carlos Magro y Ferran Adrià son responsables del Proyecto Escuelas Creativas de Fundación Telefónica

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