Carolina y Rafa

Carmen Guaita
Maestra y escritora
24 de septiembre de 2018
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Les propongo un juego: vamos a imaginar que no existe el deporte de competición. Para los efectos prácticos, podemos permitir el fútbol. Solo vamos a imaginarnos que nunca hemos conocido a Rafa Nadal, a Mireia Belmonte, a Carolina Marín, a Enhamed, el nadador paralímpico… ¿Los han borrado de su memoria? Perfecto. En la segunda parte del juego, les propongo buscar diez modelos de conducta positivos para sus hijos y alumnos. La condición es que sean muy famosos y mediáticos, personas moralmente ejemplares que todo el mundo conozca. ¿Se animan? Sin Rafa y Carolina es más difícil, ¿verdad? Bueno, rebajemos las condiciones: que no sean diez sino cinco, o dos.

En el marasmo de la política, de los tiras y aflojas, de los retos y los desplantes, de las conductas que coquetean con lo inmoral, nos convendría buscar un pequeño remanso para escoger los modelos que presentamos a la gente joven porque ellos nos están mirando.

En la educación de un niño inciden tres influencias fundamentales: la primera, por supuesto, es la familia, que pone los cimientos de la ética individual; la segunda, la escuela, donde se inicia la convivencia social; pero la tercera es la sociedad misma, con los modelos que propone sobre lo que es admirable, lo que tiene éxito, lo que conviene emular. Y esta dimensión educadora incide directamente en la formación moral de los niños y niñas, es decir en el mañana.

El juego termina con siete palabras sencillas: si no hay ética, no hay futuro.

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