Filosofía, ni de letras ni de ciencias

José Mª de Moya
Director de Magisterio
23 de octubre de 2018
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La filosofía está de fiesta y nos alegramos. La semana pasada, la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados instó al Gobierno por unanimidad a que la asignatura de Filosofía vuelva a ser obligatoria en Bachillerato. El Gobierno obviamente ha dicho que adelante. La proposición la presentó Unidos-Podemos y todos los partidos, incluído el PP, la han respaldado. Bien por el partido de Iglesias. Los populares también merecen el elogio de saber rectificar un aspecto de la Lomce, y no es el único, con el que muchos de sus dirigentes se habían manifestado críticos en los pasillos. La Lomce es más la ley Wert que la ley del PP.

Al grano. La controversia solo se explica desde esa dialéctica trasnochada entre ciencias y letras. Este tuit de una profesora la ha armado: “¿Y la ciencia pa’ cuando? En serio, no seré yo quien diga que la Filosofía no sirve para nada pero, ¿de verdad es necesario que todas las asignaturas obligatorias en Bachillerato sean de letras?”. No será ella quien lo dice, pero son muchos los que lo piensan. La filosofía no sirve para mucho de lo que nos importa, de lo que nos resulta útil.

La iniciativa del Congreso fue bendecida dos días después con la concesión del premio Princesa de Asturias al filósofo norteamericano Michael J. Sandel. “Cuando empecé a enseñar y escribir sobre filosofía, quise conectarla con el mundo. Lo que me atrajo de la filosofía no fue su abstracción, sino su carácter ineludible y la luz que arroja sobre nuestra vida cotidiana. Entendida de esta manera, la filosofía pertenece no solo al aula, sino a la plaza pública, donde los ciudadanos deliberan sobre el bien común”.

La filosofía nos invita a preguntarnos por el sentido de la vida pero también nos enseña a vivir. Nos ayuda a reflexionar sobre la existencia y sobre el hombre, pero también a responder acertadamente a cuestiones bioéticas o jurídicas.
[Enormemente sugerente es la crítica de Sandel al liberalismo individualista desde una antropología de la persona de hondas raíces éticas. Pertenece a la corriente del comunitarismo, que ha puesto patas arriba ese liberalismo sin alma. Sandel imparte las lecciones en el Teatro Saunders de Harvard, cuyas 1.117 plazas deben sortearse a comienzos de año dada la demanda de la asignatura].

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