Black Friday también en Educación

José Mª de Moya
Director de Magisterio
28 de noviembre de 2018
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La semana pasada quedamos en desgranar el trasfondo ideológico que se esconde detrás de la vuelta al pasado que propone el Gobierno. Por si quedaba alguna duda de que se trata de un ejercicio de nostalgia logsista, el Ministerio cambió de criterio: ya no suprimirá solo “los aspectos lesivos” de la Lomce como había anunciado la ministra apenas semanas antes, sino que proponen derogarla por completo.

Antes de entrar en el meollo, se intuye un punto de arrogancia al pensar que en la Lomce no haya nada aprovechable y que el Gobierno no esté dispuesto a asumir ni una sola propuesta procedente del adversario. Es como si quisiera dejar claro que en este país el único partido legitimado para legislar sobre Educación es el PSOE. Así ha sido, así seguirá siendo y para ello no debe quedar rastro.

A mi entender, lo más preocupante de las propuesta del Ejecutivo no tiene que ver ni con la Religión ni con la “demanda social”, sino con un retroceso a la escuela comprensiva e igualitarista de los 80 y 90 que produce congoja. Han pasado casi 40 años y estamos a vueltas con conceptos trasnochados que la realidad se ha encargado de demostrar que simplemente no funcionan: democracia en las aulas, intromisión de las familias y de los alumnos en el gobierno de los centros, bajada del nivel de exigencia para conseguir reducir la tasa de repetición y el abandono educativo, establecimiento de un itinerario único hasta los 16 años y sálvese quien pueda… La utopía sigue viva.

Es una vuelta al “facilísimo”, a las rebajas. En Primaria ya no se tendrá que aprobar por curso sino por ciclo (cada dos cursos), desaparecen las “reválidas”, incluso se podrá titular en Bachillerato con una suspensa y solo se podrá repetir una vez por etapa y será algo excepcional. Al margen de la dudosa eficacia de las medidas, lo peor es que ya se ha trasladado a la ciudadanía –me consta porque así se está interpretando– la idea de que pasar de curso y titular ahora va a ser más fácil. En mi opinión, es un mensaje letal desde el punto de vista pedagógico y antropológico. A los actuales responsables nunca les gustó eso de la “pedagogía del esfuerzo”, prefieren el paternalismo.

Hay dos formas de progresar en atletismo: entrenando más o cambiando de prueba si es que lo mío no son las vallas. Lo que no parece aconsejable es bajar la valla al suelo para conseguir que todos salten… O sí es aconsejable si uno piensa más en las estadísticas que en las personas. No hay cosa más frustrante que saber que has superado una prueba inmerecidamente o que te han regalado la medalla.

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