El servicio como escuela de valores

José Mª de Moya
Director de Magisterio
22 de enero de 2019
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Es un gusto cuando la realidad confirma nuestros prejuicios. Como es una faena cuando los desmiente y tienes que revisarlos. O no y prefieres mantenerlos por aquello de que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio, frase que se atribuye a Einstein. El caso es que hace una semanas tuve la oportunidad de realizar una breve pero enjundiosa entrevista a Nieves Tapia, pedagoga y referente mundial del movimiento Aprendizaje-Servicio (ApS). Le pedí su opinión sobre esas asignaturas como Ciudadanía o similares con las que se pretende educar en valores a nuestra juventud. La cita es larga pero vale la pena: “Yo fui profesora de Educación Ciudadana durante la dictadura militar [argentina]. Mi materia era ciencia ficción pero los programas mandaban que se diera y había que tener mucho cuidado con lo que se enseñaba. Yo explicaba la Constitución a mis alumnos y me miraban como preguntándome de qué país estaba hablando… La verdad es que ningún niño o adolescente aprende valores de nuestros discursos. Aprenden de lo que nos ven hacer y de lo que les damos la oportunidad de experimentar”.

Tendrían menos fuerza estas palabras si procedieran de alguna trinchera ideológica o política pero no es el caso. Nieves Tapia se dedica a promover por todo el mundo proyectos educativos solidarios en los que los estudiantes contribuyen a mejorar algún ámbito de su comunidad. Eso es el ApS, explica Tapia, “al mismo tiempo un proyecto educativo y de intervención social”.

Nieves Tapia "

La verdad es que ningún niño o adolescente aprende valores de nuestros discursos. Aprenden de lo que nos ven hacer y de lo que les damos la oportunidad de experimentar

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En mi opinión, algunas disciplinas como Ética, Ciudadanía o, incluso, Educación emocional equivocan el tiro si lo que pretenden es formar en valores y más aún corregir conductas. Pueden ser adecuadas para transmitir principios teóricos pero me temo que el objetivo es más ambicioso y para eso se demuestran del todo ineficaces. Más aún, pueden ser contraproducentes si los principios transmitidos no se corresponden con la conducta de su profesor o de sus padres. Entonces, casi mejor cállate.

Una hora de voluntariado acompañando ancianos en una residencia, visitando a niños con cáncer, prestando alguna ayuda a familias necesitadas, organizando recogidas de alimentos o de ropa, dedicando tiempo a esos compañeros con dificultades en los estudios, colaborando con Cáritas o con cualquier ONG… es más eficaz que 10 horas de Ciudadanía. También por eso me gusta el ApS porque no proyectan arreglar el hambre en Etiopía sino arreglar problemas del entorno más cercano. Es más fácil exhibir una gran sensibilidad por quienes sufren a miles de kilómetros que dedicar los sábados por la mañana a colaborar con el Banco de Alimentos. Para eso, claro, hay que levantarse.

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