No tenemos que ser heroicos

José Mª de Moya
Director de Magisterio
29 de enero de 2019
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Hay datos que demuestran que incluso si los padres hacen una pregunta sencilla a sus hijos como ¿qué tal el colegio?, los niños sacan mejores resultados en las pruebas PISA”. Fue una de las rotundas afirmaciones de Andreas Schleicher, responsable del Informe PISA, en la presentación del I Estudio sobre la percepción de los educadores en torno al rol de madres y padres en la Educación. Si Warren Buffet es conocido como el “oráculo de Omaha” en el mundo bursátil por acertar casi siempre, Schleicher sería nuestro “oráculo de Hamburgo”. Aunque por otra parte tampoco esperemos de PISA grandes sorpresas porque suele reafirmar posiciones comunes.

En todo caso, la afirmación de Schleicher es estimulante: los padres no tenemos que ser heroicos. No hace falta repasar los deberes diariamente con nuestros hijos, ni abrasarles con preguntas, ni hacerles simulacros de exámenes, ni apuntarles a agotadoras extraescolares, ni controlar exhaustivamente sus entradas y salidas… Mucho menos, hacerles los trabajos, pedir por whatsapp a otros padres (tan patéticos como nosotros) fotos del libro que el niño se ha olvidado, etc. etc. Basta una sencilla pregunta diaria: ¿Qué tal el cole? Uno de los comentarios extraídos del Estudio es elocuente en este sentido: “Podemos encontrar hoy en día dos tipos de familias extremas, unas muy poco interesadas por la Educación y otras excesivamente preocupadas (…), muy sobreprotectoras y que no preparan para la vida real. Lo ideal, un punto intermedio”.

No hace falta repasar los deberes diariamente con nuestros hijos, ni abrasarles con preguntas, ni hacerles simulacros de exámenes, ni apuntarles a agotadoras extraescolares, ni controlar exhaustivamente sus entradas y salidas…

Hace un par de semanas me invitaron a una sesión informativa sobre uno de esos filtros de control parental que impiden el acceso a contenidos inapropiados desde cualquier dispositivo móvil de la casa. Yo pensaba que era solo eso, un filtro que impide el acceso a páginas porno, racistas… Está bien para niños y para todos por pura higiene mental. Pero la cosa se ha sofisticado de tal manera que ahora los padres podemos saber por dónde navega la criatura, a qué hora, cuánto tiempo, con quien chatea, qué aplicaciones se descarga, qué vídeos ve, qué redes sociales frecuenta… Podemos ser el ojo de Sauron que todo lo ve. Por supuesto, el programa también permite ser proactivo y delimitar de antemano el tiempo de uso y todo lo que una mente psicópata pudiera imaginar.

Cada familia sabe lo que le conviene pero a mí no me gusta porque creo que se emite un mensaje de desconfianza que puede resultar dañino a largo plazo. Como recoge el Pacto por la Educación que han promovido SM y Gestionando Hijos hay que fomentar la “pedagogía de la confianza” entre padres y profesores, pero también entre padres e hijos.

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