Plantando números: un desplante a la pizarra

Tenemos la obligación de intentar salir de las cuatro paredes, física y virtualmente, con la frecuencia que el nivel, materia, docente y contexto lo requiera.
Martes, 29 de enero de 2019
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Cuando miré a la pizarra ese día y le dije, “tú ya no me vales” no tenía un plan B. Solo sabía que tenía que escapar de lo que no estaba dando resultados en ese momento. Tantos años al servicio de la enseñanza y yo dudaba de ella. Bueno, realmente no dudaba, la excluía de mi futuro inmediato, al menos en su estatus adquirido durante siglos.

¿Entonces qué? ¿dónde te llevarás tus matemáticas?, me dijo riéndose soberbia. El momento no fue cómodo, tantos años juntos y llegar a estos extremos…

Pero un hombre de Murcia lo primero que piensa es en sus raíces, literalmente. La elección fue intentar tomarlas como un escenario de aprendizaje real, cercano: un huerto, ese fue el destino.

Explica, convence, opten autorización, busca lugar, construye, fueron tareas allanadas por una dirección del centro, IES “Salvador Sandoval” (Las Torres de Cotillas, Murcia), de mente abierta, sensible a la diversidad y colaborativa con la innovación.

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¿Es que solo se aprende en el aula? Lo siento pizarra, no eres única ya para mí

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Y ahora a plantar números. Nunca supe dónde iba a llegar la idea. Sí tenía claro algunas cuestiones, y las sigo teniendo, que me lanzaron con la misma determinación que incertidumbre a crear un escenario de aprendizaje distinto, o ¿es que solo se aprende en el aula? Lo siento pizarra, no eres única ya para mí.

Esas cuestiones que me empujaban al cambio fueron:
  • Un alumnado con más potencialidades que calificaciones y con unas características distintas a otras generaciones, que necesitan otros estímulos de naturaleza, intensidad y velocidad diferentes y acordes a su naturaleza.
  • Unas matemáticas que van perdiendo su sentido original, con el cual nacieron, dar respuestas a problemas reales y no crear problemas sin uso práctico.
  • Una falta de fe en el proceso magistral que cada vez va teniendo menos eficacia.
  • Y unas herramientas TIC al alcance de la mano que abren puertas hasta hace poco impensables y que alteran positivamente, cómo no, el proceso enseñanza-aprendizaje actual.
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Muchas de las conversaciones que he tenido sobre 'Plantando números' comienzan con una duda: ¿y cómo se pueden enseñar matemáticas en un huerto?

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Muchas de las conversaciones que he tenido sobre Plantando números comienzan con una duda: ¿y cómo se pueden enseñar matemáticas en un huerto? Y la cuestión, siempre con buena fe y con ganas de entender esta extravagancia, siempre me lleva a otra pregunta: ¿tan esclavos hemos sido de la pizarra que no entendemos la enseñanza sin ella? ¿O es que de tanto querer enseñar nos hemos olvidado que lo importante es aprender? Se enseña en la pizarra, sí, pero ¿se aprende en ella? Unas veces sí, ¿y cuándo no?

Escenarios de aprendizaje

Cuando respondo a la pregunta siempre trato de explicar que nuestro huerto es uno de tantos escenarios de aprendizaje que podemos utilizar, y no solo en su acepción de espacio físico, sino también, de situaciones vitales, cotidianas donde se pueden crear conexiones con el adolescente que las necesita para encontrar ese “motivo” para aprender más allá de las imposiciones sociales o familiares que van ocultas tras las notas.

Y comenzamos a plantar tomates, pimientos, calabacines y berenjenas para medir su crecimiento semanal, alto y ancho, calcular qué volumen de agua tenía la regadera que llenaban, o cuánta tierra contenía nuestro huerto o qué medía el perímetro del huerto. Entre otros datos, todos ellos reales, son los que acercaron a mis alumnos con las matemáticas porque los tocaban, sabían a qué se refería, los cálculos tenían un sentido, las fórmulas eran comprensibles y palpables. El idioma de las matemáticas brotó y conectó con ellos.

Después vino lo más fácil. Todos esos datos entraron es los ordenadores, el hábitat natural de mi equipo de trabajo, usuarios TIC que terminaron por ser competentes digitales, relación no tan inmediata como pareciere. Creamos tablas en hojas de cálculos, infografías y mapas metales para sintetizar procesos, gráficos de diversos tipos para visualizar, resumir e interpretar datos. Geometría, funciones, estadística, todo estaba en el huerto, plantados esperando cosecha. 

Generar autoestima

Difundimos en todas las redes sociales a las que le dimos sentido educativo. Y por no alargarme, finalizo con un informe de todo su trabajo que defendieron con exposiciones fantásticas. Una avalancha, en definitiva, que nació de una idea tosca, para algunos ridícula, o eso oíamos de vez en cuando, pero efectiva. Dio fruto porque conectó. Y porque ellos mismos se vieron capaces, que es la otra parte crítica del proceso: la autoestima que se genera dentro de una espiral virtuosa que concluye en la consecución de objetivos curriculares cuando se activa el modo “soy capaz”.

Plantando números hizo crecer mucho más que unos procesos matemáticos, nacieron habilidades técnicas y emocionales que a mis alumnos les está viniendo muy bien hoy en día en su vida laboral y académica.

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No creo que debamos eliminar la pizarra de la obra pero lo que sí tengo claro es que necesitamos más escenarios

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Volví a ver a la pizarra, y le conté que había sido premiado por lo del huerto. Le dije que no venía a reprocharle nada, que solo quería que supiera que no iba a olvidarla pero que hay momentos que necesitamos dar más opciones, abrir puertas, incluir en nuestro argumentario otras propuestas para cuando ella necesite ayuda porque sus espectadores hablan otro idioma.

No me escuchó, hemos sido muchos sus seguidores durante siglos y su ego es demasiado abultado. No creo que debamos eliminarla de la obra pero lo que sí tengo claro es que necesitamos más escenarios, tenemos la obligación de intentar salir de las cuatro paredes, física y virtualmente, con la frecuencia que el nivel, materia, docente y contexto lo requiera.

El mundo es otro, los estudiantes son distintos, las herramientas mejores y, en mi opinión, no caben solo en una pizarra.

Pedro Peinado Rocamora. Profesor de Matemáticas en el IES “Los Albares” de Cieza (Murcia) y doctor en Tecnología Educativa.

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