Educación inclusiva y libertad

José Mª de Moya
Director de Magisterio
19 de febrero de 2019
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Será que este fin de semana me he dado un baño de miles de familias preocupadas por la educación de sus hijos en La Feria de los Colegios. Será que mis vecinos de abajo tienen un hijo con parálisis cerebral por el que les he visto desvivirse y están que trinan. Será porque tengo una sobrina con TEA por la que mis cuñados también se desviven… El caso es que me abochorna la campaña que desde determinadas organizaciones se está emprendiendo contra los centros de Educación Especial. No, corrijo y aquí está la clave: campaña contra las familias que libremente deciden llevar a sus hijos a centros de Educación Especial.

Además de mis vecinos y mis cuñados, tengo relación personal con otras familias con hijos discapacitados. La mayoría lleva a sus hijos a centros de Educación Especial, otros no. Pero todos, sí todos, echan humo por lo que entienden es una inaceptable intromisión en su derecho a decidir lo que más conviene a sus hijos. Privar a cualquier padre o madre de ese derecho es siempre una injusticia, pero en el caso de unos padres con un hijo discapacitado es una auténtica provocación…Y, además, una torpeza política. ¿Qué no harían unos padres por su hijo? Y si este es débil, de esos que la sociedad “descarta”, en palabras del papa Francisco, ¿qué serán capaces de hacer?

Me abochorna la campaña que desde determinadas organizaciones se está emprendiendo contra los centros de Educación Especial

Sí, campaña. Diseñada meticulosamente desde hace hace meses en despachos de influyentes organizaciones vinculadas al Cermi y con gran capacidad de presionar emocionalmente enarbolando la bandera de la inclusividad. Presión en la UE, en el Ministerio y en el Consejo Escolar del Estado, así me lo han reconocido estas dos últimas. Y emocional por querer apropiarse de la causa de la Educación inclusiva llevados de un excesivo paternalismo. He escuchado frases como que “los padres al principio tienen miedo pero, poco a poco, van entrando”… También hay objetivos menos confesables. Está en juego la financiación que reciben los centros de Educación Especial; exigen un cambio de modelo educativo, pero también de distribución de los recursos económicos.

Pero no quiero ir por ahí, allá cada cual. ¿Alguien piensa que el Estado o una entidad privada pueden dar lecciones de inclusividad a unos padres? Pues sí hay algunos, al menos dos. La ministra Celaá, que empieza suprimiendo de su proyecto de ley que los padres somos los primeros responsables de la Educación de nuestros hijos. Y Arcadi Espada, que termina llamando irresponsables a aquellos padres que deciden traer al mundo a un hijo discapacitado porque cifra la dignidad humana en términos de utilidad pública. Así se empieza y así se termina.

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