Organización y gestión del tiempo

Agustín Peralt 19 de febrero de 2019
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Son muchas las instituciones educativas que en estos últimos años han apostado por incluir en sus planes de estudio asignaturas que les ayuden a desarrollar a sus alumnos capacidades como la inteligencia emocional, la oratoria o incluso técnicas de estudio. Sin embargo, la gestión del tiempo y la organización personal no es una competencia que suela estar incluida dentro de muchos planes de estudio. Frente a esto, existe una corriente de preocupación creciente entre los adultos, pues todos somos conscientes que la llegada de la tecnología y los móviles no ha hecho más que debilitar esta competencia. Por ello, cuando hablamos de incluir esta competencia dentro de los planes de estudio, no nos referimos a una simple charla o formación de una tarde como actividad extraescolar, sino a un proceso para lograr que los estudiantes dominen una metodología de organización personal y técnicas de gestión del tiempo que aumenten su efectividad. Así mismo, en la edad adulta, debemos ampliar el alcance del concepto denominándolo efectividad personal. Ser efectivo consiste en ser, al mismo tiempo, eficiente y eficaz.

La eficiencia es la capacidad para no perder tiempo. Y como acabamos de recordar, la tecnología que teóricamente vino a ayudar tanto a los estudiantes como a los profesionales a ganar tiempo, se ha convertido en la principal distracción que existe actualmente. El teléfono móvil y los ordenadores han puesto al alcance de la mano la posibilidad de tener un entretenimiento para los estudiantes con un solo clic. Las redes sociales, internet, WhatsApp, etc. han disminuido la capacidad de atención de nuestros estudiantes que van en la búsqueda de la estimulación continua, frente a la capacidad de atención plena y concentración, que es hoy en día una competencia diferencial entre los pocos que la logran mantener mientras estudian o atienden a sus formadores. Pretender estar concentrado con un teléfono móvil y conexión a internet es como intentar cumplir una dieta con una tableta de chocolate delante. El sistema límbico es decir la parte emocional siempre acaba venciendo a la lógica y razón que nos recuerda nuestro cortex prefrontal.

La tecnología que teóricamente vino a ayudar a los estudiantes a ganar tiempo, se ha convertido en la principal distracción que existe actualmente

La cuestión es: ¿quién está preparando a nuestros estudiantes para disponer de técnicas que les ayuden a poder controlar y dominar a la tecnología y no al revés? ¿quién les está enseñando a vencer esa adicción que muchos tienen a los teléfonos móviles? Y, por último, ¿qué ejemplo les damos como adultos si estamos en casa con la misma compulsividad con la Tablet o el móvil?

Carl Newport, experto en efectividad personal, considera que la capacidad de atención plena y concentración va a ser una de las competenciales más diferenciales entre los estudiantes en las próximas décadas. En nuestras manos está el poder lograr la necesaria concienciación entre los jóvenes y las enseñanzas para corregirse.

Por otro lado, ser eficaz también consiste en aprender a priorizar. Y para esto se necesita una mínima metodología. Se requiere que, igual que hacemos con otras asignaturas que nos enseñan diversas técnicas, se nos enseñe un método para lograr discriminar y centrarnos en cada momento en lo que toca. No se trata simplemente de apuntar las cosas en una agenda sino de disponer de una mínima metodología que nos permita disponer de una serie de hábitos para planificar cada mes, cada semana y cada día.
Además, habría que añadirle una serie de aprendizajes sobre la necesidad de entender la importancia que tienen nuestros niveles de energía física, emocional y cognitiva. Es necesario insistir en que los estudiantes entiendan no sólo la influencia de su estado de energía en sus capacidades de aprendizaje sino con detalle, de qué manera influye la alimentación, el sueño, la práctica del deporte e incluso el control emocional en sus capacidades de atención, memorización e incluso razonamiento.

La capacidad de atención plena y concentración va a ser una de las competenciales más diferenciales entre los estudiantes en las próximas décadas

Cuando leo que a nuestros estudiantes les cargamos de actividades y que van sobrepasados, siempre me paro a pensar sobre las muchas distracciones que les sobran. Realmente no les falta tiempo, les sobran distracciones. De la misma manera, en estos últimos años, tanto con mis propios hijos como en las distintas charlas que he impartido entre estudiantes de Bachiller, he podido comprobar el interés que tienen los propios estudiantes por mejorar en ello, pues desean salir de ese círculo vicioso de la desorganización y la distracción continua. ¿Hasta qué punto tiene sentido invertir cientos de horas en múltiples asignaturas de conocimientos generales y ninguna en organización y gestión del tiempo?

Creo que como adultos y educadores tenemos que asumir nuestra responsabilidad individual en dos direcciones. Por una parte, fomentar la capacitación de los nuestros en su organización y efectividad personal. Por otra, ser ejemplo en temas como el uso de la tecnología, la capacidad de no practicar la multitarea, el cuidado de nuestras energías con buenos hábitos y, sobre todo, el disponer de una mínima metodología de organización que les podamos trasladar.

Espero que las instituciones con influencia en los planes de estudio repliquen el esfuerzo que se realizó con temas como la inteligencia emocional o las claves de una buena nutrición en los colegios, e inviertan tiempo en mejorar la gestión del tiempo y la energía de los jóvenes.

El autor es doctor en Administración de Empresas, profesor universitario y creador del Método FASE de productividad y organización del tiempo

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