Otto Granados: “La escuela compite con formas no tradicionales de conocimiento”

El presidente del Consejo Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos y experto en Educación mundial considera que los cambios educativos requieren rapidez.
Emma Prieto LópezMartes, 26 de febrero de 2019
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Otto Granados es, desde hace varios años, un experto mundial en Educación. Su amplia trayectoria y extensa carrera en la actividad educativa en este campo le avala. Desde hace unos meses forma parte del Consejo Asesor de la OEI y, como especialista en temas educativos, en MAGISTERIO hemos querido contar con su opinión.

Pregunta. ¿Por qué se le da tanta importancia a las reformas educativas en Iberoamérica?
Respuesta. Ése es el argumento que yo abordé en mis últimos estudios y conferencias. Es un tema que, en los últimos 20 años, ha estado en la agenda pública de todos los países con distintas orientaciones y variados enfoques. Al final, cabe deducir que, siendo la Educación un fenómeno tan cambiante y vertiginoso, necesitamos más información y referencias sobre el tema.

Desde su posición como presidente del consejo asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos, ¿cuáles cree que son los grandes retos a los que se enfrenta la Educación a nivel global?

—Es una buena pregunta con la que se pueden abordar dos retos de importancia. El primero de ellos está relacionado con la calidad. En general, en todo el mundo, incluso en las regiones más rezagadas de África, ha habido avances importantes en materia de cobertura. Si uno piensa en América Latina, los avances en la cobertura de Educación Básica y Primaria han sido notables.

¿Dispone de datos que permitan corroborarlo?

—Sí, y me permiten decir que, a día de hoy, la Educación está prácticamente universalizada. En Primaria hay una cobertura del 96% y en Secundaria la tasa bruta de cobertura roza el 76%. En el caso de la Educación Superior, uno de los últimos informes de la OEI indica que esta tasa alcanza ya el 43% de estudiantes entre los 18 y los 23 años. Es, como decía, una buena noticia porque ese aumento en los porcentajes viene de la incorporación a los estudios de alumnos pertenecientes a familias de estrato social bajo.

¿Hay más buenas noticias?

—Sí. La emergencia en el siglo XXI de nuevos componentes que no teníamos hace 50 años. Son aquellos que tienen que ver con las nuevas tecnologías de la información y la inteligencia artificial. Todo eso ha influido sobre la economía y también sobre la fisonomía del mundo educativo.

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Debemos preguntarnos si la formación que reciben los alumnos es pertinente para la posterior búsqueda de trabajo.

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P ¿Y el segundo reto?
—Es el que tiene que ver con el mundo del empleo. Debemos preguntarnos si la formación que reciben los alumnos es pertinente para la posterior búsqueda de trabajo. Es importante que los colegios y universidades se planteen si la Educación que ofrecen se adapta al mundo laboral que está cambiando tanto últimamente.

A su juicio, ¿la actual Educación tiene más problemas que ventajas?

—Depende. La Educación se enfrenta a dos grandes problemas. El primero tiene que ver con la gestión de las instituciones educativas y universitarias. Los centros tienen que reaccionar con mayor flexibilidad para comprender el nuevo modelo de conocimiento que prima en la actualidad.

Supongo que el otro problema tiene que ver con la calidad.

—Exacto. Otro de los dilemas es el de averiguar si la Educación que se ofrece es la pertinente. Ahora la escuela compite con formas no tradicionales de adquisición de conocimiento y es necesario saber adaptarse a ellas para conseguir una buena Educación.

Hay quien dice que las universidades se acaban. ¿Usted qué cree?
—Es una discusión que se ha mantenido viva en los últimos años. Hay dos posiciones. Una de ellas, la más audaz, es la de quienes dirigen nuevos servicios educativos y saben que, con el surgimiento de nuevas plataformas, las universidades pueden llegar a su fin. Y en el otro extremo están los que consideran que este tipo de instituciones van a seguir subsistiendo. Yo creo que no hay elementos suficientes para concluir que estamos llegando a ese fin, pero soy consciente de que hay un conjunto de desafíos que van a cambiar el modelo universitario.

¿Cómo cree que afectará a la Educación el surgimiento de nuevas tecnologías?

—Ayudarán bastante. Por ejemplo, hoy en día, el conocimiento se duplica cada 13 ó 15 meses. Eso nos empuja a ser más selectivos a la hora de formarnos. Y para eso, las nuevas tecnologías son el vehículo más apropiado.

¿Por qué la generación que ahora entra al mercado laboral es la que más sufre el desempleo, aún siendo una de las más formadas?

—Supongo que al ritmo que cambia la Educación, las universidades, para paliar ese problema, deberían ofrecer algún tipo de programa para reentrenar lo aprendido. De tal manera que si alguien se graduó en una carrera tradicional, como Derecho o Medicina, y está teniendo problemas para incorporarse al mercado laboral, podría mejorar sus conocimientos para lograr una inmersión eficiente en el mundo del empleo.

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Hoy se estudian contenidos que hace 50 años no existían. Ni siquiera teníamos las palabras para definirlos: cibernética, redes sociales...

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¿Sugiere que las personas se formen durante toda su vida?
—Así es. Me refiero a lo que se llama Educación a lo largo de la vida. En Estados Unidos, por ejemplo, se está potenciando mucho con las conocidas Mid-career. Se trata de programas formativos para actualizar de forma constante lo aprendido en las carreras. Todo esto es necesario porque el ritmo de cambio es vertiginoso. Hoy se estudian contenidos que hace 50 años no existían. Ni siquiera teníamos las palabras para definirlos: cibernética, redes sociales…

Con los datos que tenemos, ¿podemos ser optimistas con el futuro de la Educación?
—Razonablemente. Yo creo que sí. Ahora tenemos muchas más ventajas que en el pasado. La cuestión es cómo acomodar ese rompecabezas de novedades como, por ejemplo, el éxito de la Formación Profesional.

¿Qué opina de los programas de FP?
—Es una modalidad que en países como Alemania, Suiza o Austria ha tenido un gran éxito. Yo considero que es una buena alternativa, pero requiere un cambio de mentalidad. Sobre todo en España y en América Latina.

¿Por qué?
—Porque en esas dos zonas hay una mentalidad muy arraigada, con respecto a la universidad y el futuro de los alumnos. Nuestros padres siempre incentivaron, a lo largo del siglo XX, el que sus hijos fueran universitarios. Era una mentalidad aspiracional. La FP, en cambio, se veía como una alternativa y una profesión de segunda. Hoy ya no es así.

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