El lenguaje machista no es educativo

Ana CobosMartes, 5 de marzo de 2019
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EL lenguaje está en lo más profundo de la forma en que las personas sentimos y con ello nos expresamos y gestionamos toda la información de nuestro entorno. El lenguaje da forma al pensamiento y está presente en el diálogo interior de cada ser humano. Por todo ello, el lenguaje construye pensamiento y simultáneamente define y desarrolla los propios sentimientos, así como la forma de situarse en el mundo, desde la propia identidad y la convivencia con los demás. Podemos incluso afirmar que para los seres humanos lenguaje y pensamiento son indisociables.

Como respuesta a las propuestas del feminismo en cuanto al uso del lenguaje, es frecuente encontrar artículos donde se afirma que el uso del masculino genérico incluye a la mujer. Nadie debe molestarse entonces, pues emplear el masculino genérico consiste en un uso correcto que nunca tiene pretensión de ser machista pues va a favorecer un mejor estilo. Así, por ejemplo, la Real Academia de la Lengua Española insta a las mujeres a que nos sintamos incluidas en el “todos”. Pero, ¿qué ocurre si algunas mujeres no nos sentimos incluidas en ese “todos”? La Real Academia puede establecer la norma para el uso del lenguaje y decirnos que nos sintamos incluidas en el masculino genérico, pero, si aún así y después de mucho intentarlo, no lo sentimos, ¿cómo puede la Real Academia conseguir que a través de la lengua las mujeres nos sintamos incluidas en el masculino genérico?

La decisión de la Real Academia de afirmar que el masculino genérico incluye a las mujeres es tan arbitraria como si se afirmara que no lo es, pues se basa en el uso tradicional e histórico de la lengua, un uso machista, propio de tiempos del pasado en que todo ha sido machista, la lengua también.

Vaya por delante que en ningún caso digo que la RAE sea machista, pues creo que es evidente que la intención de la Real Academia es favorecer el estilo y evitar lo farragoso que puede resultar el lenguaje si continuamente duplicamos todo cuando pretendemos visibilizar a las mujeres, pero es que se trata de eso, de visibilizar, de decir: ¡Oye, estamos aquí! Y eso es importante, muy importante. Si el precio de que nuestra sociedad reconozca a las mujeres es que el lenguaje pierda un poco de estilo, entiendo que es asumible después de tantos siglos de discriminación e invisibilidad.

Como profesional de la Educación creo que es educativo visibilizar a la mujer en el lenguaje, no solo para nuestro alumnado sino también para toda la sociedad

El movimiento feminista es muy reciente en la historia, no ha hecho nada más que empezar, en nuestro país solo lleva unas décadas. Es un movimiento aún muy joven y frágil, tanto como es a la inversa de profundo el pensamiento ligado al lenguaje. La visibilización de las mujeres en nuestra sociedad es un David frente a un Goliat, máxime si se encuentra enfrente a estructuras rígidas ancladas en tiempos pasados.

Visibilizar que las mujeres existen en el lenguaje es una deuda histórica con las mujeres. No se trata de hacer una exigencia radical en el lenguaje por el que siempre haya que duplicar, pues efectivamente afea el lenguaje, de lo que se trata es de tener en cuenta que las mujeres estamos ahí y que el camino hasta haber llegado a algunos puestos ha sido muy duro.

Es muy llamativo ver en los informativos de televisión a las presentadoras hablando de “mujeres” como si se tratara de un colectivo ajeno, pues el “nosotros”, es un masculino genérico que aunque sea simplemente lenguaje, no es nada inocente. Porque en nuestra sociedad, decir “nosotros” significa: ser hombre de etnia caucásica, heterosexual e integrado socialmente. Por eso, aunque parece un oxímoron, la lucha por la igualdad va unida a la lucha por la diversidad.

Queda mucho camino por recorrer para llegar a la igualdad real. Mientras una mujer de cualquier edad no pueda pasear sola de madrugada por tener riesgos extra con respecto a los que tiene el varón, no habrá igualdad. No habrá igualdad siempre que siga siendo tradición que sea ella quien sacrifique la carrera profesional, la que se adelante al hombre en la atención a los hijos o a los mayores, ya sea ante el marido o el hermano.

Cuando desde el feminismo queremos que se diga que hay médicos y médicas, jueces y juezas, arquitectos y arquitectas, ingenieras e ingenieros, es porque queremos recordar que hace unos años no había mujeres en estas profesiones y que si en la actualidad hay tantas, ha sido gracias al esfuerzo que ellas y su entorno han hecho para que sea posible. Y queremos seguir visibilizándolo porque es bueno para todos y todas que haya mujeres en todos los ámbitos profesionales, para que las niñas conozcan de su existencia y vean un reflejo de ellas que pueda guiar su futuro. Porque hay que invertir mucho en sonoridad.

Es muy llamativo ver en los informativos de televisión a las presentadoras hablando de “mujeres” como si se tratara de un colectivo ajeno, pues el “nosotros”, es un masculino genérico que aunque sea simplemente lenguaje, no es nada inocente

Puede que se me tache de osada al escribir un artículo como este sin ser especialista en lengua y admito mi osadía por la parte que toca a la lengua, sin embargo, como profesional de la Educación creo que es educativo visibilizar a la mujer en el lenguaje, no solo para nuestro alumnado sino también para la sociedad en su conjunto.

Porque las mujeres estamos ahí, estamos aquí, en todos los ámbitos profesionales, en las casas, familias, bares, calles…, somos parte del mundo y de la vida, también del lenguaje porque el lenguaje es una construcción social, que ha llegado a nuestros días con el uso de otros tiempos, por lo que ha de evolucionar y no lo hará desde la Real Academia hasta la sociedad, sino en sentido inverso, desde el uso que hace el pueblo hasta quien hace la norma, del mismo modo en que siempre se producen todos los cambios, de abajo hacia arriba.

Es frecuente que las niñas de la etapa Infantil, a las que poco importa lo que diga la RAE, pregunten a su maestra si deben salir ellas cuando se les da la orden de que “todos los niños salgan al patio”, porque ellas todavía no se sienten parte del genérico masculino, porque esta es una construcción social.

En el sistema educativo hay una notable responsabilidad en este sentido. Por ejemplo, es evitable en la documentación sobre Educación que se diga algo tan frecuente como esos enunciados compuestos por estos inicios: “los profesores, padres y alumnos…” del mismo modo que es aconsejable emplear otros genéricos que no son masculinos, sino “genéricos genéricos” como: “el profesorado, las familias y el alumnado”. Otro ejemplo sencillo es hablar de “sala de profesorado” en vez de “sala de profesores”, “escuela de familias” en vez de “escuela de padres” y así un largo etcétera por el que no solo hacemos visibles a las mujeres, sino que contribuimos al reconocimiento de que se sepa que estamos ahí, estamos aquí para que “todos”, incluidas las niñas lo aprecien y se alegren de ello. La visibilización de la mujer en el lenguaje no es una cuestión de lengua que se resuelva desde los dictámenes de la Real Academia de la Lengua atendiendo a su uso y tradición, sino que se trata de un asunto relativo a la convivencia, de compensación de discriminaciones históricas y de sensibilidad con lo humano, en definitiva, una cuestión con la que el sistema educativo debe estar comprometido, porque es de justicia.

Ana Cobos es presidenta de Copoe, orientadora del IES “Ben Gabirol” de Málaga y profesora de la Universidad de Málaga

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Comentarios
  1. Resumen de prensa 13 marzo 2019 - Escuelas Católicas Castilla y LeónEscuelas Católicas Castilla y León
    13 de marzo de 2019 10:17

    […] El lenguaje machista no es educativoEL lenguaje está en lo más profundo de la forma en que las personas sentimos y con ello nos expresamos y gestionamos toda la información de nuestro entorno. El lenguaje da forma al pensamiento y está presente en el diálogo interior de cada ser humano. Por todo ello, el lenguaje construye pensamiento y simultáneamente define y desarrolla los propios sentimientos, así como la forma de situarse en el mundo, desde la propia identidad y la convivencia con los demás. Podemos incluso afirmar que para los seres humanos lenguaje y pensamiento son indisociables. […]

  2. ruben dario rodriguez de mayo
    20 de marzo de 2019 01:02

    Buenas, el asunto es que la Real Academia Española no impone nada, sino que sanciona el uso. No es que la sociedad acate la norma de la RAE, sino es la RAE la que hace suya la tradición y el uso, y sobre esa base dictamina y recomienda. O sea, que si algo surge de abajo, de las entrañas del pueblo y de la cultura (como la lengua), la RAE está para normarlo, para avalar su uso, así no esté de acuerdo con ello. Lo que sí suena a imposición es esa manera afectada de hablar (tan afectada es que se llegan a hacer recomendaciones para sustraerse de la costumbre, de la tradición. Se debe decir profesorado y no profesores; o escuela de familias y no de padres, etc.), promovida por un grupo de poder (el feminismo es un grupo de poder), que se construye desde arriba, desde estos artículos con la rúbrica de una destacada docente, desde la recomendación de que se hable de tal o cual manera, para satisfacer a un grupo de interés (de poder). Y, definitivamente, al estilo (que es sencillez, llaneza y elegancia expresivas) no hay que sacrificarlo. Desde Venezuela, Rubén Rodríguez De Mayo