Habilidades sociales para el maestro de hoy

José Mª de Moya
Director de Magisterio
12 de marzo de 2019
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EL centro de formación del profesorado Aula Siena ha presentado esta semana un informe sobre las principales demandas formativas de los docentes. De los diez cursos más demandados, la mitad tienen que ver con el desarrollo de habilidades sociales y directivas: “Elimina el miedo a hablar en público (motiva y transmite)”; “Estrategias para la modificación de conducta en el aula”; “Empoderando al docente: comunicación y gestión emocional”; “Competencia emocional en las relaciones laborales”; y “Mindfulness, gestión del estrés y técnicas de relajación”. [Otras formaciones (TDAH, competencia digital, marketing educativo, tratamiento de datos y cuidado de la voz) también son demandadas pero en menor medida].

Parece claro que la enseñanza se ha convertido en un deporte de riesgo no apto para cardíacos y que los docentes necesitan ser también maestros en gestionar emociones. La de sus alumnos, la de sus compañeros de Claustro y las propias. Me comentaban hace poco en una visita a un centro la necesidad de formar a los profesores con menos experiencia en el manejo de las entrevistas con los padres. “Porque saben latín o se creen que saben latín, que es peor aún”. En todo caso, se acabó eso de hablar de los suspensos en Matemáticas: ahora el profesor tiene que ser psicólogo infantil, mediador familiar, consultor laboral, psiquiatra, orientador profesional, abogado matrimonial, juez de paz y hasta de fuerza del orden público si fuera necesario. No sirve la queja de que los conflictos a los que debe enfrentarse un profesor del siglo XXI poco o nada tienen que ver con lo que se estudia en la carrera porque sí tienen mucho que ver con la vocación de maestro, con la ilusión de formar y ayudar a los que nos rodean. Coincido con Carlos Magro cuando señala en la entrevista que publicamos esta semana que “educar es esencialmente cambiar a las personas, cambiarnos a nosotros mismos”. El buen maestro tendrá que estar dispuesto a cambiar él para poder cambiar a los demás. Es hermosa esa imagen del padre o la madre que reclama esfuerzo para al hijo que se ha caído al tiempo que se agacha para alzarlo.

Parece claro que la enseñanza se ha convertido en un deporte de riesgo no apto para cardíacos y que los docentes necesitan ser también maestros en gestionar emociones

Pero no solo de actitud vive el hombre, aunque ese debe ser el primer paso. Es necesario adquirir técnicas y competencias que hagan eficaz ese deseo de ayudar a los demás. Además, la actualización del profesorado en este tipo de habilidades le proporcionará la seguridad que necesita para el desempeño de su trabajo, le empodera ante las situaciones de conflicto que surgirán cada día. Porque como resumía un viejo amigo experto en management, dirigir personar se reduce a gestionar lo imperfecto.

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