Anna Forés: “El mayor reto educativo es que la tecnología se haga invisible”

Traspasar fronteras disciplinares y tener más en cuenta las emociones y la imaginación son algunas claves del futuro educativo hacia el que apunta Anna Forés.
Gema EizaguirreMartes, 23 de abril de 2019
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Anna Forés (Barcelona, 1966) es doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación y licenciada en Pedagogía por la Universitat de Barcelona. Su trayectoria profesional y académica se ha centrado especialmente en resiliencia y neuroeducación. Ha sido conferenciante y docente en másteres y formación de profesorado en diferentes países en Latinoamérica. Y ha publicado más de 40 artículos científicos en revistas especializadas. Es autora de 16 libros de divulgación y académicos y colabora habitualmente en diferentes medios de comunicación.

Pregunta. ¿Qué es el “twining educativo” del que usted habla?
Respuesta. —Es un concepto que rescaté de Alfons Cornella, un gran innovador. Él viene a decir que la neuroeducación rompe las fronteras que hemos establecido en diversos campos. Lo que resulta interesante es sumar diferentes miradas y ver cómo podemos romper las fronteras que establecemos en las aulas, por ejemplo, con las asignaturas, con la separación por edades, etc. Esto también hace aflorar ciertas pedagogías emergentes en detrimento de otras.

El cerebro trabaja por conexiones: cuantas más conexiones tengas en el cerebro, mejor. El cerebro no entiende que trabajemos por asignaturas o por áreas, lo que necesita es relacionarlo todo. Cuanta más información pueda interactuar, ligar, y conectar más inteligente se es.

¿No tiene la impresión de que todo va demasiado rápido?
—La Educación necesita un lugar y un tiempo para evolucionar y hacerse realidad a su propio ritmo. De la misma manera, las primaveras pedagógicas como procesos emergentes necesitan un espacio y una época. Estamos en un momento de interregno y no podemos permitirnos el desastre de que la actual primavera pedagógica se marchite o involucione. Ante este contexto de incertidumbre y de volatilidad, tenemos nuevos retos para diseñar nuevos horizontes para la Educación.

Los protagonistas han de ser los alumnos no la tecnología, los maestros, las personas

¿Cuál cree que es el mayor reto tecnológico en la Educación española a día de hoy?
—Que se haga invisible. La tecnología nos ayuda a mejorar nuestro día a día, las tecnologías en Educación nos han de ayudar a mejorar los procesos de enseñanza aprendizaje, son un recurso más. El reto es saber el mejor uso que podemos dar a las tecnologías que van emergiendo. No usar por usar, sino saber el mejor uso para lo que pretendemos en cada momento.

¿Y del profesorado?
—El reto del profesorado, reencantarse, reilusionarse, que no pierda la pasión por la Educación y que sea reconocido socialmente. Como diría Meirieu, la pedagogía “es acción precaria y difícil, es acción obstinada y tenaz, pero desconfía, por encima de todo, de la prisa en terminar”.

¿Cómo potenciar la resiliencia en los alumnos y también en los docentes?
—La resiliencia es un concepto que tiene un gran poder de inspiración. La resiliencia es una manera de comprender la esperanza humana ante los sufrimientos, los traumas y el dolor vivido. Resiliente también es poder generar opciones, aprovechar las oportunidades. La resiliencia se ha de promover en la escuela, igual que se hace con la empatía, la asertividad y todas las habilidades que nos ayudan a ser más personas.

¿Cree que se le está dando demasiado protagonismo al uso de tablets y de la tecnología en las aulas, a veces desde edades muy tempranas?
—Los protagonistas han de ser los peques o los adolescentes, no la tecnología, los maestros, las personas. Las tecnologías solo son pertinentes si nos ayudan a mejorar, en este caso a aprender mejor.

¿Los nativos digitales tienen el cerebro con otra configuración? ¿Necesitan la tecnología para aprender?
—Aquí hay mucho que hablar. Mi gran amigo David Bueno, como genetista, te contestaría ampliamente. Evidentemente no es una nueva configuración pero sí estamos estableciendo cambios epigenéticos. No necesitan la tecnología para aprender, pero tampoco la dejan de necesitar. Hay momentos y actividades donde la tecnología es pertinente y otras en la que es mejor usar otros instrumentos o recursos.

¿Cree que la tecnología trasmite, como usted dice “e-mociones” del mismo modo que el contacto personal ‘face to face’?
—Por sí sola no, pero si la sabes utilizar bien, se puede lograr evidentemente e-mocionarse. Nosotros conocemos parejas que surgieron de cursos on line. Pero volvemos a la idea principal: el uso que le das a la tecnología, no las tecnologías en sí mismas.

Los retos del profesorado son reilusionarse y que sea reconocido socialmente

La Educación emocional empieza a tomar protagonismo en las aulas. ¿Cree necesario que esté en las facultades de Educación como asignatura?
—Las emociones son muy importantes para la Educación, pero también para la vida; autorregularse, gestionarlas es fuente de salud. Conocer a los chicos y chicas que tienes delante, conocerte a ti mismo es mejorar la Educación y no estresarte.

La neurociencia ha hecho que se conozcan mejor las emociones.
—Sí, ahora gracias a la neurociencia sabemos cuál es el proceso de las emociones. Ahora hemos visto que si un aprendizaje es emocionante es mucho más significativo, nuestro cerebro lo absorbe al momento. Cuando nos vamos a dormir el cerebro se queda con lo útil, si algo ha sido emocionante nos aseguramos que lo retiene.

¿Se potencia suficientemente la imaginación y la creatividad en el aula?
—Nuestro cerebro no distingue lo que es real de lo que es simulación. ¿Por qué no trabajar más con la simulación en la escuela si sabemos que tiene mucho potencial? Estamos haciendo cosas ya, por ejemplo el teatro, que no hace falta que sea una nueva asignatura, pero podemos introducir su práctica como elemento de aprendizaje. Son herramientas que tenemos a nuestro alcance para aprender mejor.

¿Las artes tienen un poder transformador?
—El arte, como la música, como la Educación Física son básicas para la Educación integral.

En su libro Neuromitos dice que tocar música es mucho más beneficioso que escucharla, ¿a qué se debe?
—En el libro intentamos evidenciar algunas creencias que no están sustentadas en la ciencia. En este sentido, la música es un fuerte potenciador del desarrollo cerebral y no solo como un instrumento cognitivo más sino como un entrenamiento cognitivo en sí mismo.

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