Simon Ferdinand: “El inglés no debería calificarse como lengua extranjera en la enseñanza”

Ferdinand considera fundamental que un alumno convierta un idioma en algo propio, de forma que no crea que aprenda algo diferente, sino que está ampliando su propio lenguaje.
Adrián ArcosMartes, 2 de abril de 2019
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Oxford University Press, el departamento editorial de la Universidad de Oxford, lanzó en 2017 su prueba on line para acreditar el nivel de inglés (Oxford Test of English). Se trataba de la primera incursión de Oxford en este ámbito y España fue el mercado elegido para comenzar. Casi dos años después, comienza la expansión internacional. Simon Ferdinand acaba de ser nombrado responsable de Desarrollo de Evaluación en English Language Teaching (ELT) a nivel mundial y va a ser el encargado de llevar la experiencia de estos dos años en España al resto del mundo.

¿Qué características tiene la prueba Oxford Test of English y qué la diferencia de las demás?
—Se trata de un examen de inglés general on line que cubre tres niveles en el marco común europeo: A2, B1 y B2. Está disponible los 365 días del año, a cualquier hora del día, pero al ser un examen de certificación oficial, el alumno tiene que realizarlo en condiciones de seguridad, por lo que tiene que ir antes a un centro examinador autorizado por Oxford acreditando su identidad. Se puede apuntar hasta 15 días antes y damos los resultados en un plazo máximo de 15 días después. El examen hace uso de tecnología adaptativa, lo que nos permite calibrar con mayor exactitud, con menos preguntas y en menos tiempo el nivel de competencia del alumno. La duración total del examen viene a ser de unas dos horas.

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Poner en un currículum que se tiene un nivel medio de inglés es algo ya irrisorio

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¿Ese tiempo de realización del examen supone una diferencia con otras pruebas?
—Otros exámenes de nivel B2, por ejemplo, tardan unas cuatro horas en realizarse, y muchas veces el alumno tiene que volver otro día para el speaking. También otras pruebas están disponibles solo en fechas determinadas, mientras que la nuestra se puede hacer en cualquier momento, dependiendo del centro examinador.

¿Qué beneficios aporta una acreditación idiomática?
—Desde la implantación del Plan de Bolonia en 2010, es necesario acreditar como mínimo un nivel B1, y en muchas universidades un nivel B2, para poderse graduar en cualquier disciplina. Desde el punto de vista laboral, las empresas tampoco se conforman con que un candidato en proceso de selección ponga en su currículum que tiene un nivel medio de inglés. Eso ya es algo irrisorio. Creo que es legítimo que las empresas tengan derecho a saber si una persona está capacitada y acreditada en inglés por una entidad externa de renombre y prestigio que utiliza un proceso de evaluación de calidad.

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Ya la mayoría de españoles menores de 25 años son capaces de mantener una buena conversación en inglés

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¿Cómo está el nivel de acreditación idiomática en España en comparación con otros países?
—España es un país pionero en el uso de la evaluación externa en materia de enseñanza de idiomas. Los exámenes de inglés no son nuevos; lo que pasa es que en los últimos años han surgido un montón de programas de bilingüismo implantados por las consejerías de Educación que están teniendo muy buenos resultados. Parte del éxito de esos programas está en utilizar la evaluación externa para medir y aplicar técnicas de gestión del proyecto de enseñanza del idioma. Además, sirve para una declaración publica del éxito del programa, porque permite que el organizador del programa de bilingüismo pueda demostrarlo.

¿Le parecen adecuados esos programas bilingües?
—En general, yo los califico como un éxito. Puedes encontrar muchas críticas, pero es indiscutible que el nivel que están adquiriendo ahora los jóvenes españoles es muchísimo más alto que hace una generación. Hace 15 años, por ejemplo, el nivel B2 era algo totémico, algo a lo que todo el mundo aspiraba pero pocas personas conseguían, y si lo tenías significaba que sabías trabajar en inglés. Ahora el nivel B2 es prácticamente una zona de paso. Si hablas con los españoles menores de 25 años encontrarás que son capaces de mantener una buena conversación en inglés, y esto en España nunca había estado tan generalizado. Lo que ahora se hace en Primaria y Secundaria producirá universitarios en unos 5 o 10 años que van a tener un nivel por encima de la media europea. Y yo creo que es algo para felicitar a los profesores.

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Impartir una asignatura en inglés es beneficioso si la enseñanza es de calidad, con profesores que dominen tanto la materia como el idioma

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¿Cree que es una buena técnica impartir las asignaturas completamente en inglés?
—Está demostrado que impartir en inglés una asignatura es beneficioso para los alumnos tanto en la propia asignatura como en sus conocimientos del idioma. Eso sí, siempre que la enseñanza se realice con calidad, con profesores que dominen la materia y que estén capacitados para enseñar bien en inglés. Y también lo que cuenta es que el alumno esté expuesto al idioma, no solo en la asignatura, sino que proceda de diferentes fuentes, que lo perciba en el uso diario del centro. Porque un colegio bilingüe no es el que imparte cinco horas de inglés a la semana en vez de tres, sino un colegio en que los dos idiomas conviven.

¿Qué cambios tienen que realizarse a nivel social para que el idioma venga de más fuentes?
—Yo abogaría porque el inglés nunca se califique como lengua extranjera en el proceso de enseñanza. Si de entra le dices a un niño que el inglés es lengua extranjera, el mensaje que recibe es: “No es para ti pero tienes que aprenderlo”. Lo que es fundamental es que un alumno, sea niño o adulto, coja el idioma y lo convierta en propio, para que no esté aprendiendo algo intrínsicamente diferente o extranjero, sino que esté ampliando su propio lenguaje, y dentro de ese lenguaje haya contenido de castellano y de inglés. Solo hay que ver que los jóvenes utilizan palabras de origen extranjero como si fueran propias. Las tienen perfectamente asimiladas.

¿Las familias tienen también que cambiar su actitud?
—Cuando las familias, con la mejor de las intenciones, dicen a sus hijos: “En esta casa se habla castellano”, se está mandando un mensaje de que aprender inglés o francés está mal. Creo que es mejor pensar siempre en un “además de”, y no un “en vez de”.

Ganar soltura en el idioma

Ver la tele o leer un libro en inglés. “Muchas veces he oído a alumnos decir que han estado viendo la televisión en inglés pero no han aprendido nada. Yo les digo que no ven la tele para aprender inglés, sino para practicar la destreza de asimilar información que viene mediante el canal de inglés, procesarla cognitivamente y convertirla en significado. Lo mismo para los que me dicen que han leído un libro en inglés pero no han entendido nada. Estos han obligado al cerebro a procesar información en inglés. Y es ese uso frecuente el que agiliza el proceso cognitivo que es lo que permite ganar soltura en un idioma”.

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