El robot complementa al docente, no lo sustituye

Aunque las máquinas asuman cada vez más tareas, la participación humana será indispensable.
Adrián ArcosMartes, 7 de mayo de 2019
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Practicar un idioma charlando con un dispositivo, preguntar a un chatbot la diferencia entre dos conceptos, interrumpir una clase impartida por un avatar y pedirle que amplíe sus argumentos… Son algunos ejemplos de profesores-robots que usamos diariamente, prácticamente sin darnos cuenta. La pregunta es: ¿Llegará un momento en el que la tecnología sustituya a los formadores?

Según Guillem Garcia Brustenga, investigador del eLearn Center de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) –cuya entrevista publicamos en la primera página de este Cuaderno–, “la tecnología no va a reemplazar a los profesores, pero sí que los va a complementar”. Esta es también una de las conclusiones a las que ha llegado en su informe Los chatbots en Educación, donde asegura que “el objetivo de los chatbots –programas que integran la Inteligencia Artificial y que son capaces de simular o mantener cierto nivel de conversación con las personas– no es tanto sustituir a la figura docente, como complementarla”.

Y aunque se prevé que las máquinas vayan asumiendo cada vez más tareas, la participación humana será indispensable. “El profesor del futuro será la suma del docente humano y del docente de IA, con una distribución de tareas complementarias”, concluye el estudio.

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La IA va a beneficiar sobre todo al estudiante, que va a poder disfrutar de un acompañamiento permanente

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“No hay que tener miedo a la incorporación de la Inteligencia Artificial en los procesos de aprendizaje”, explica Lluís Pastor, director del eLearn Center de la UOC. “Es algo que va a ocurrir y que beneficia a todos: al docente y, sobre todo, al estudiante, que debe ser el centro del aprendizaje y que va a disfrutar de acompañamiento permanente”. Pastor añade que es “un servicio que de momento no es posible ofrecer porque ningún profesor humano puede estar siempre disponible”.

En 2015, Jill Watson impartió un curso on line de posgrado en la Universidad de Georgia, en Atlanta (EEUU). Durante un semestre, la docente planteó preguntas a sus 300 alumnos, respondió sus dudas y evaluó sus respuestas sin que nadie sospechara que, en realidad, Jill era un sistema de IA elaborado por IBM. Al finalizar el curso, los estudiantes solo tuvieron comentarios positivos hacia el trabajo desempeñado por su profesora virtual.

Aunque el resultado fue positivo, Garcia Brustenga cree que no conviene engañar a los estudiantes: “En nuestras pruebas hemos visto que vale la pena ser honesto y avisar al estudiante de que está hablando con una máquina”.

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La pasión que transmite un profesor es clave para la personalización de los contenidos al ritmo de cada alumno

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“La inteligencia artificial jamás podrá sustituir a un buen profesor; la pasión que transmite un buen profesor es clave para la personalización de los contenidos al ritmo y capacidad de cada alumno”. Así lo considera Javier Arroyo, cofundador de Smartick, en alusión al método de aprendizaje on line de matemáticas desarrollado por esta compañía, con el que miles de niños están mejorando su capacidad de cálculo, lógica y resolución de problemas.

“El trabajo del profesor no solo no peligra, sino que se hará más indispensable aún, dado que se convertirá en el encargado de formar y entrenar al robot”, asegura Garcia Brustenga.

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