Siete ejercicios para trabajar las emociones de tus hijos o alumnos adolescentes

A menudo vemos en casa y en la escuela cómo niños y niñas tienen dificultades a la hora de expresar o gestionar sus emociones. Identificarlas y gestionarlas no es tarea fácil, por ello os facilitamos una serie de dinámicas para fomentar la inteligencia emocional.
RedacciónMiércoles, 22 de mayo de 2019
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La intensidad emocional varía de una persona a otra. De hecho, las personas con una intensidad emocional alta, son más pasionales y expresan sus emociones más vivamente que otras. Por ello, saber gestionarlas cuando se sienten mal o están frustrados o enfadados se convierte en un gran desafío para estas personas. Solo es cuestión de tiempo, paciencia, esfuerzo y práctica desarrollar la destreza suficiente para gestionar y controlar la inteligencia emocional.

Acompañar a los adolescentes en su emocionalidad

Según explican desde Youthcamp, el concepto de inteligencia emocional ha ganado fuerza en los últimos años y muchas de las nuevas generaciones están descubriendo los principios básicos de la inteligencia emocional y sus beneficios.

Asimismo, este concepto también ocupa un lugar importante en el panorama educativo de los padres. Una de las cosas más importantes que se le puede enseñar a un hijo acerca de las emociones es que no son buenas o malas. Es vital saber expresarles que no necesitan juzgar las emociones, simplemente notarlas y sentirlas, para después identificarlas como cómodas o incómodas.

Por ello, desde Youthcamp nos dan las claves para realizar con nuestros hijos unas actividades y reflexiones para construir, desarrollar y mantener la inteligencia emocional.

 

Una de las cosas más importantes que se le puede enseñar a un hijo acerca de las emociones es que no son buenas o malas

  1. Categorización de las emociones. Un buen ejercicio sería escribir cinco emociones básicas en notas adhesivas o en tarjetas, así como palabras que pudieran identificarse con situaciones. Posteriormente hablar con los jóvenes sobre cada emoción y dónde podrían encajar cada una de esas palabras en la categoría de situaciones.
  2. Pregunte y reflexione con su hijo. Tómese un tiempo para hablar con su hijo y responder algunas de las siguientes preguntas: ¿cómo afectan mis estados de ánimo a mis pensamientos y toma de decisiones?; ¿cómo describiría mi estilo de comunicación y su efecto en los demás?; ¿qué rasgos en los demás me molestan y por qué?; ¿me resulta difícil admitir que estoy equivocado?; ¿por qué o por qué no?; ¿cuáles son mis puntos fuertes?; ¿cuáles son mis debilidades? Debemos pensar profundamente las respuestas, usándolas para hacer comprender a nuestro hijo sus emociones.
  3. Use vocabulario emocional. Cuando un médico trata de diagnosticar un problema, él o ella le pedirá que describa el dolor que está sintiendo. Podrían pedirle que use palabras como agudo, dolorido, calambres, o sensible entre otros. Cuanto más específico sea, más fácil será para su médico diagnosticar el problema y prescribir el tratamiento adecuado. Con las emociones el funcionamiento es parecido: al usar palabras específicas para describir sus sentimientos, es más fácil llegar a su causa raíz, lo que le permite lidiar mejor con ellos. Entonces, la próxima vez que nuestro hijo experimente una fuerte reacción emocional, tómese un tiempo para procesar con él la situación. No solo lo que está sintiendo, sino también el motivo. Trate de dar palabras a sus sentimientos; luego, determine junto a él lo que quiere hacer sobre la situación.
  4. Pausa. Ayude a su hijo a tomar descansos. Hágalo comprender que, si siente que está empezando a responder emocionalmente a una situación, debe primero tomar una pausa. Si es posible, aconséjalo que vaya a dar un paseo. Una vez que haya tenido la oportunidad de calmarse, anímale a decidir cómo querer avanzar.
  5. Enséñalo a utilizar el truco de tres segundos. Si tiendes a contestar rápidamente, aceptas los compromisos demasiado deprisa y puedes decir algo que luego lamentarás. Para prevenirlo, podemos practicar con nuestros hijos estas tres preguntas rápidas antes de contestar: ¿es necesario decir esto?; ¿es necesario que lo diga yo?; ¿necesito decir esto ahora? En cambio, si es el joven es más introvertido y a menudo siente que desearía haberse expresado en un momento o situación específica, ayúdalo a preguntarse: ¿me arrepentiré de no hablar más tarde? Las preguntas correctas pueden ayudar a cualquier persona a manejar sus reacciones emocionales y evitar arrepentimientos.
  6. Aprende a decir no. Es genial ser amable y servicial con los demás, pero los jóvenes tienen que aprender a poner sus límites. Para ello, podemos hablar con nuestros hijos y poner ejemplos de situaciones en las que, si respondemos sí a todas las solicitudes, podemos elegir el camino del agotamiento y gastar nuestro tiempo y energía. Debemos explicar que, cada vez que decimos que sí a algo que realmente no queremos, en realidad estás diciendo que no a las cosas que sí queremos.
  7. Convertir las críticas en comentarios constructivos. Una de las actividades que podemos realizar con nuestros hijos está relacionada con las críticas y el peligro de tomarlas de forma personal. En su lugar, debemos enseñar a los jóvenes a responder dos preguntas: dejando de lado los sentimientos personales, ¿qué puedo aprender de esta opinión alternativa?; ¿cómo puedo usar estos comentarios para ayudarme a mejorar? Recuerda que la mayoría de las críticas están enraizadas en la verdad e, incluso cuando no lo es, ofrecen la oportunidad de ver la realidad desde la perspectiva de los demás.
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