Libros de texto: innovar o morir

José Mª de Moya
Director de Magisterio
11 de junio de 2019
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A perro flaco todo son pulgas. Si el sector del libro de texto lleva años amenazado desde diversos frentes, la multa de 34 millones de euros del Tribunal de la Competencia puede ser la puntilla para algunas editoriales. Así lo reconoce Javier Cendoya, director general de Edelvives, en la entrevista que publicamos esta semana. Sobre todo para aquellas que no están sabiendo leer los cambios en los hábitos de consumo y que no están sabiendo transformar las amenazas en oportunidades.

La primera amenaza del sector es netamente política y son los programas de gratuidad o préstamo de libros de texto. Actualmente se ha convertido en uno de los principales caladeros de voto de progenitores con hijos en edad escolar que cada septiembre tienen que desembolsar entre 200 y 300 euros por niño. Si esto no es compra de votos, se le parece mucho. Ciudadanos es el partido que cogió esta bandera cuando eran socialdemócratas. Ahora que son liberales se entiende poco porque no hay nada menos liberal que el reparto a escote de los recursos públicos sin tener en cuenta quién los necesita y quién no. En todo caso, opino que las editoriales deberían hacer autocrítica por esos libros de hasta 40 euros. Dicen que detrás hay mucha innovación y no lo dudo, pero no sé si alguien tendría que haber sacado una línea low cost que esté en consonancia con los 15 o 20 euros que te cuesta un libro normal.

La primera amenaza del sector editorial es netamente política y son los programas de gratuidad o préstamo de libros de texto

La segunda amenaza es tecnológica y solo cabe adaptarse a la realidad de que cada vez más colegios apuestan por contenidos digitales, tanto de producción editorial como propia. No está ocurriendo nada que no haya ocurrido en otros sectores como el cine, la música o la prensa. Aquí más despacio porque los cambios en Educación siempre son más lentos. La tercera amenaza es demográfica. La caída de la natalidad nos habla de crisis de valores, nos pone ante el espejo y nos vemos más viejos. Y, claro, también son menos alumnos en las aulas a los que vender libros.

La cuarta amenaza es socioeconómica y sin duda la más compleja porque el consumidor se transforma en productor (“prosumidor”). Me estoy refiriendo a la creación de contenidos propios por parte del profesorado que, según datos publicados por la Comunidad de Madrid, suponen ya en torno al 25% del mercado, con lo que sería la primera editorial. Y como no todos los profesores están capacitados ni tienen tiempo para crear sus propios contenidos (a menos que pirateen y eso no está bien) están proliferando modelos híbridos que permiten al profesor personalizar digitalmente un contenido de serie.

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