Otra perspectiva ante la evaluación

Cuatro centros educativos exponen sus experiencias de evaluación que rompen con la norma establecida y tradicional para hacernos ver que otras fórmulas de evaluación son posibles.
Beatriz Gámez JareñoMartes, 4 de junio de 2019
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Celebración del IV Encuentro de Equipos Educativos en Organizaciones que Aprenden. BEATRIZ GÁMEZ JAREÑO

Dentro de la Educación, hay algunos temas que suscitan reflexión y debate. Uno de ellos es la evaluación, puesto que ¿por qué evaluamos? Hay algunos profesionales, como el catedrático en el departamento de Psicología Básica de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), Juan Ignacio Pozo, que opinan que la forma de evaluar tradicional no se corresponde actualmente con la realidad que demandan los alumnos y la realidad que estamos viviendo. Así que, ¿para qué evaluamos? Hay dos tipos de respuesta a esta pregunta. Por un lado, se trata de una función selectiva para saber quién es válido y quién no. Ejemplo de ello, es la prueba de la Evaluación para el Acceso a la Universidad (EvAU). Por otro lado, cumple una función formadora; es decir, tiene que ayudar a aprender más a los estudiantes. Entonces, ¿los profesores son justos evaluando? ¿Habría que cambiar la cultura del aprendizaje en la sociedad y en el sistema educativo?

Así pues, ante todas estas cuestiones, para Pozo “la evaluación no es un proceso terminal para saber si el alumno sabe conocimiento o no, sino que la evaluación tiene que ser un proceso continuo en el que el estudiante será competente siempre que sepa usar el conocimiento”. De esta forma, “estamos creando ciudadanos que tienen que ser capaces de lo que han aprendido en un contexto, usarlo”; ya que un buen aprendizaje es aquel que produce resultados o cambios duraderos en la persona; así como aquel que produce resultados transferibles a nuevos contextos o situaciones.

Finalmente, Pozo explica que la mejor forma de evaluar es a través de una “evaluación dinámica que ofrezca al alumno la capacidad de seguir aprendiendo; así como que los errores no sean penalizados, sino que se trate como algo de lo que hay que aprender”.

Experiencias de evaluación

En el Centro Universitario Cardenal Cisneros se celebró el IV Encuentro de Equipos Educativos en Organizaciones que Aprenden. En esta edición, el tema protagonista fue la otra mirada de la evaluación. De esta forma, acudieron el director de “Begoñazpi Ikastola” (Bilbao), Merkat Bermaola; la directora del colegio “Nazaret Oporto” (Madrid), Mar Izuel; el director del colegio público “Santo Domingo” (Algete), Óscar Martín; y el cofundador de la escuela “IDEO” (Madrid), César Rollán. Cada uno de estos centros educativos trata la evaluación desde una perspectiva diferente a la tradicional.

Así, Rollán subrayó que en “IDEO” no tienen uniforme, no utilizan libros de texto, no hay exámenes, ni castigos, ni deberes. Este centro se abrió en el curso 2014-15 y poco a poco han ido aprendiendo a desarrollar su proyecto educativo. “Estamos rompiendo con las normas tradicionales establecidas y a veces esto es poco entendido por la comunidad educativa”, afirmó Rollán.

En este sentido, para evaluar Educación Infantil se entrega un informa de competencias. En Primaria y en Secundaria en la primera y segunda evaluación se entrega un informe de competencias y en la tercera evaluación sí se pone nota numérica. En general, “utilizamos distintos instrumentos de evaluación como la rúbrica, la autoevaluación, la coevaluación en grupo y apostamos también por la formación del profesorado”.

Juan Ignacio pozo, catedrático en el departamento de Psicología Básica de la UAM "

La evaluación no es un proceso terminal para saber si el alumno sabe conocimiento o no, sino que tiene que ser un proceso continuo

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Por otra parte, ¿qué podemos hacer para que mejoren los resultados académicos? En este sentido, Bermaola comentó que si “solo observamos y evaluamos lo que vemos, estamos perdiéndonos todo lo que hay debajo”. Por eso, en su centro han establecido un decálogo de competencias basadas en qué debe tener un buen profesor y en qué debe tener un buen alumno y una buena sesión lectiva. Además, han creado un ciclo en la evaluación del desempeño que consiste, en un primer lugar, en que el estudiante haga un porfolio. Después, debe haber una observación del alumno en el aula. A continuación, coaching y por último, un seguimiento personal.

Izuel explicó que en su colegio “ponemos al alumno en el centro porque queremos que el estudiante se adueñe de su proceso de aprendizaje”. De esta forma, durante cada uno de los cursos los alumnos crean un porfolio de sus aprendizajes y de sus competencias. Así, pueden saber qué han aprendido y qué podrían haber mejorado. “Lo más importante es la evaluación desde dentro; así como compartir las evidencias”, señaló Izuel.

Finalmente, Martín explicó de qué forma se evalúa y se enseña en su centro educativo. “Nuestros estudiantes investigan sobre los contenidos con el acompañamiento de sus docentes. Posteriormente, comunican lo aprendido mediante diferentes creaciones transmedia como radio, televisión, un periódico digital, etc. lo que dinamiza su trabajo”. Desde hace tres años, para evaluar, utilizan rúbricas de contenido y de competencias e indicadores y descriptores de revisión del centro.

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