“El síndrome postvacacional, un fenómeno normal que dura de uno a tres días”

La directora y psicóloga educativa del Colegio “Europeo de Madrid”, Emma Pérez, detalla las claves para poder evitar el síndrome postvacacional en los menores.
Beatriz Gámez JareñoMiércoles, 11 de septiembre de 2019
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Emma Pérez también es psicóloga educativa. CEM

Las vacaciones de verano han llegado a su fin. La playa, la montaña y el pueblo se sustituyen por la vuelta a la rutina de las clases y de la oficina. Esta adaptación no siempre se consigue realizar de la mejor manera posible y según un estudio realizado por la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria entre el 5% y el 8% de los niños en edad escolar sufren las consecuencias físicas y psíquicas de este final de las vacaciones. El denominado síndrome postvacacional no puede definirse como una patología, ya que no aparece como tal en los manuales de clasificación internacionales.

¿Cómo podría definirse el síndrome postvacacional?
—El síndrome postvacacional, también denominado depresión postvacacional, es un estado de malestar genérico que sufren algunos niños al tener que readaptarse a las rutinas escolares después de un periodo vacacional. Es un fenómeno considerado normal, que dura entre uno y tres días, aunque si no remite pasada una semana, quizás podría enmarcarse en lo que se denomina trastorno adaptativo y habría que determinar si existen otros factores que están contribuyendo a que el niño no consiga aclimatarse a la nueva etapa.

¿Qué características presenta un niño con síndrome postvacacional?
—Aunque siempre va a depender de la edad del niño y del grado de inadaptación, el síndrome postvacacional puede manifestarse con síntomas físicos como cansancio generalizado, insomnio, llanto, dolores musculares, somatizaciones digestivas como vómitos o diarreas, inapetencia o falta de concentración  y/o con síntomas psíquicos como irritabilidad, tristeza, falta de interés, nerviosismo, etc.

¿Cómo se detecta?
—Aunque no hay dos niños que afronten de la misma forma la vuelta al colegio, si los síntomas anteriormente descritos perduran después de dos semanas, es necesario valorar otras posibles causas.

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Si el malestar genérico no remite en una semana quizás podría enmarcarse en lo que se denomina un trastorno adaptativo

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¿A qué edades afecta más?
—Suele ser más llamativo entre los más pequeños de Educación Infantil, ya que los síntomas más frecuentes son llanto y rabietas injustificadas, aunque no hay datos significativos que indiquen una incidencia superior en una u otra etapa escolar. La crisis de adaptación puede ocurrirle a cualquier niño que varía mucho sus rutinas, tanto si inician el colegio por primera vez como si cambian de centro o a aquellos que cambian de etapa en la escuela o simplemente de curso. Los adolescentes suelen intensificar características propias de esta etapa como apatía e irritabilidad.

¿El profesorado también sufre este síndrome?
—La población adulta dobla el porcentaje de inadaptabilidad al retorno de las rutinas después del periodo vacacional y en la profesión docente se registran estos datos en la misma medida que en el resto de la población activa. El hecho de que los docentes comienzan su actividad laboral alrededor de una semana antes que sus alumnos, les permite adaptarse gradualmente a la rutina propia del curso escolar.

¿Cómo puede evitarse este síndrome?
—En términos generales, durante las vacaciones escolares es recomendable desarrollar alguna actividad de ocio que sea compatible con las actividades escolares para que no sea tan brusco el cambio; así como tomarse tiempo para volver a coger el ritmo que se tenía antes de vacaciones.

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La población adulta dobla el porcentaje de inadaptabilidad al retorno de las rutinas

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¿Qué tipo de recursos utilizan en su colegio para abordar este problema?
—Siempre con el objetivo de que la adaptación sea gradual y personalizada, el equipo de orientación y los tutores del curso anterior se reúnen con los tutores del presente curso para valorar las características de cada grupo y de cada alumno en particular. En la etapa de Infantil, abrimos las puertas de las aulas dos semanas antes de iniciar la rutina propia del curso escolar, para que los más pequeños se adapten gradualmente a la exigencia de horarios y la rutina de las actividades en la escuela infantil. Los alumnos de Primaria empiezan dos días antes con el fin de iniciar la programación académica pasados estos días en los que les presentamos el horario, los espacios nuevos y cualquier novedad respecto al cuso anterior. Los alumnos de ESO y Bachillerato tienen un mes de repaso de actividades de cursos anteriores antes de iniciarse en tareas que necesitan mayor concentración y autodisciplina.

¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a sus hijos?
—Si los padres ayudan a sus hijos a identificar los aspectos positivos que tiene el final de las vacaciones, los niños superarán este periodo de adaptación de una forma más rápida y llevadera. Para ello es importante fomentar la adaptación de las rutinas de sueño y alimentación, por lo menos diez días antes del inicio de curso; practicar con el ejemplo y evitar transmitir a los niños la idea de que retomar la vida cotidiana conlleva algo negativo; preparar juntos la vuelta al colegio, pues a los niños les hace ilusión comprar el material escolar y todo lo que estrenarán en el nuevo curso; así como reforzar los aspectos positivos de la rutina: ver a los compañeros de clase, retomar las actividades deportivas, estrenar uniforme, mochila, libros…

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Es importante fomentar la adaptación de las rutinas de sueño y de alimentación por lo menos diez días antes del inicio del curso

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¿Cuáles son los consejos y/o claves para que los menores vuelvan a la rutina de las clases?
—Ningún niño es igual a otro, por eso es importante que padres y profesores les observen y ayuden a que expresen lo que les sucede, respetando siempre su proceso y evitando comentarios del tipo ”eso son tonterías”, pues su falta de madurez les impide describir lo que sienten y les hace más vulnerables. También hay que conocer las razones de su estado emocional y transmitirles apoyo, ya sea porque tienen miedo al nuevo profesor o a dejar de estar todo el día con papá y mamá como durante las vacaciones. Por último, entrenar una actitud positiva frente al cambio, pues la adaptabilidad frente a lo nuevo mejora el estado anímico y por lo tanto la felicidad del menor.

¿Qué deberían hacer los menores para empezar el nuevo curso con energía y ganas?
—En cualquier caso es el adulto quien debe ser sensible a las necesidades del menor. En el caso concreto de los adolescentes es importante que permitan a sus padres y a sus profesores ayudarles en la adaptación al curso, si lo consideran necesario, pues no debemos olvidar que el síndrome postvacacional no afecta a más del 90% de la población escolar, que viven el regreso a las aulas con normalidad y alegría.

¿Quiere añadir algo más?
—Como resumen concluiría que el síndrome postvacacional puede ser un conjunto de síntomas perfectamente entendibles porque de repente los menores en edad de escolarización pierden la libertad de horarios y actividades de las que han disfrutado durante dos largos meses rodeados de familiares y amigos. Esto puede ser una simple anécdota si los padres y profesores conseguimos motivarles y ayudarles a descubrir la parte positiva de “la vuelta al cole” y de esta forma les ayudamos a crecer emocionalmente, mejorando su adaptabilidad a los cambios presentes y futuros. Ahora bien, si el niño continúa así después de un par de semanas de comenzar el nuevo curso debemos reconducir esa situación acudiendo a un especialista, pues estaríamos ante un caso de inadaptación.

Currículum vítae

  • 1979-1982: Escuela Universitaria del Profesorado de Educación General Básica de Logroño, La Rioja. Diplomatura Profesorado de Educación General Básica, especialidad Ciencias.
  •  1983-1988: Uned. Licenciatura Psicología educativa.
  •  1993-Actualidad: Directora Escuela Infantil Bebin y Colegio Europeo de Madrid. Lleva más de 26 años como directora.
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