Tecnólogos humanistas

José Mª de Moya
Director de Magisterio
24 de septiembre de 2019
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La tecnología puede ser una potente herramienta de aprendizaje, pero es necesaria una base pedagógica. Pedagogía con tecnología y no al revés”. Bajo esta premisa arranca la interesante entrevista que publicamos esta semana con Ana Rodríguez, experta en transformación digital educativa y directora pedagógica de Aula Siena. Admito que me cautivan estos tecnólogos de perfil humanista, que en esta nueva revolución industrial se nos aparecen tan urgentes como lo fueron los Ramón y Cajal o los Marañón en anteriores demostraciones de progreso de la humanidad. Aquellos supieron poner un poco de cordura, de sentido común, de humanidad y, por qué no decirlo, de humildad en momentos en los que los avances científicos nos endiosaban. Y lo hicieron desde la autoridad moral que les otorgaba haber contribuido decididamente a ese progreso y a esos avances. Nunca desde la desconfianza y mucho menos desde la nostalgia por tiempos pasados.

La innovación en la escuela también nos puede endiosar y hacernos creer que nos va a resolver, por fin, el reto de educar y enseñar. Sin embargo, la experiencia docente diaria nos dice que ninguna nueva metodología y, mucho menos, ningún nuevo dispositivo tecnológico nos van a librar de la responsabilidad personal que supone guiar a un alumno. En la Educación no caben los atajos. Ese diálogo y esa mirada profesor-alumno son insustituibles, como lo son las emociones y el corazón humano.

La innovación en la escuela también nos puede endiosar y hacernos creer que nos va a resolver, por fin, el reto de educar y enseñar

Tiene que venir una tecnóloga humanista a bajarnos del pedestal y a colocar al maestro en su sitio porque, aunque Google tiene más información y memoria que nosotros, “nosotros sabemos qué tiene valor didáctico”. Tiene que venir una tecnóloga a recordarnos cosas tan de sentido común como que la innovación tecnológica debe responder a una necesidad tangible, o sea, que no se trata de innovar por innovar, ni para epatar a las familias, ni para ser el colegio más moderno del barrio, ni para estar a la última… Tiene que recordarnos que la primera misión de la tecnología consiste en ser facilitadora de la personalización del aprendizaje y que si no contribuye a este objetivo todo queda en un puro ejercicio de narcisismo de maestros engolosinados con la última chorrada tic. Tiene, finalmente, que recordarnos que el verdadero objetivo es que nuestros alumnos sean capaces de cooperar a través de las redes sociales y de distinguir críticamente una fake new cuando buscan en Google: “Debemos formar a muchos thinkers para no tener una sociedad de followers”.

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