Una escuela que enseña a pensar

Estrella López Aguilar
Maestra y licenciada en Ciencias de la Educación
16 de septiembre de 2019
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Las humanidades resultan imprescindibles en el contexto de una sociedad cada vez más tecnificada porque las materias que integran el ámbito humanístico ayudan a formar un criterio personal a la vez que favorecen el  pensamiento crítico y pensamiento creativo de las personas. Dicho en otras palabras “nos humanizan”.

La escuela del siglo XXI necesita de las humanidades y de la filosofía para lograr educar en el asombro a los nativos y nativas digitales proporcionándoles herramientas imprescindibles, más que nunca, en un contexto tecnológico.

La filosofía para niños (Philosophy for children), creada en la década de 1970 por el filósofo y educador Matthew Lipman, es una metodología muy extendida en otros países de nuestro entorno, que se centra en ayudar al alumnado  a aprender a pensar.  Esta propuesta no pone el foco  en corrientes filosóficas ni en los autores de las mismas, sino  que se centra en enseñar a niños y niñas, desde la primera infancia, a escucharse, a trabajar en equipo, a cuestionar, a argumentar, a debatir y a ser capaces de dar forma a esa terminología abstracta que invade su vocabulario y que la mayoría de las veces utilizan de manera verborreica o escuchan sin llegar a comprender del todo.

¿Saben realmente lo que dicen cuando utilizan términos como injusto o cobarde?

Los niños y niñas que se acercan a la filosofía desde edades tempranas aprenden a pensar y a participar activamente en proyectos comunes, lo que  les ayudará a ejercer, en el futuro,  una ciudadanía más activa y comprometida. Así mismo les ayudará a analizar el ingente volumen de información al que tendrán acceso, ayudándoles a discernir lo veraz de lo falso.

“Para contribuir al bien común, tenemos que poder pensar de manera lúcida y creativa, filosófica. Y eso es algo que o se aprende en edad escolar o no se aprende”, asegura Jordi Nomen, profesor de filosofía y autor de “El niño filósofo” un texto indispensable publicado por la Editorial Arpa.

Niños y niñas se preguntan no sólo sobre sí mismos, sino también sobre el mundo y la sociedad en que viven, tienen necesidad de encontrar respuestas a aquello que les resulta enigmático o sorprendente. Muchas de las preguntas que hacen frecuentemente: “¿qué son las cosas?”, “¿qué es pensar?”, “¿qué es lo justo?’, ¿por qué nos morimos?…pueden ser consideradas preguntas filosóficas.

¿Pero cómo introducir todo esto en una escuela sobrecargada de áreas de conocimiento?

Nomen apuesta por tres herramientas fundamentales para enseñar a niños y niñas a reflexionar, a filosofar desde edades tempranas: los cuentos, los juegos y el arte.

Todos estos elementos están muy presentes en la etapa primaria como herramientas de desarrollo del currículo escolar, por lo que resulta sencillo asociar estos aprendizajes a los elementos curriculares de las diferentes áreas, haciendo posible plantear variados aspectos filosóficos en el área de Lengua, Matemáticas, Ciencias, Música, Artes o Educación Física…

¿Es posible filosofar a partir del cuento del Patito Feo, de un problema matemático o de una noticia de interés general?

Filosofar en tiempos de internet, rodeados de continuos estímulos, también en la escuela, se ha convertido en algo muy complejo ya que la actitud filosófica exige prestar atención al otro y a uno mismo, tiempo para reflexionar, para pensar, para profundizar dejando de lado lo inmediato. Aunque también, si nos esforzamos y planificamos, podemos usar la tecnología como una herramienta más para favorecer la reflexión.

Es necesario preparar a los niños y niñas para que sean capaces de pensar por sí mismos, para que puedan renovar creativamente la sociedad en la que viven y, al mismo tiempo, favorecer su propio crecimiento creativo. La Educación debe tender al desarrollo de seres humanos capaces de evaluar el mundo y a sí mismos, así como de expresarse con fluidez y de forma creativa y cuidadosa hacia los demás.

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