Educación del gusto

José Mª de Moya
Director de Magisterio
8 de octubre de 2019
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Quizá una de las definiciones más sencillas, casi tierna, de Educación es la de Aristóteles, que decía que “educar es aprender a alegrarse con aquellas cosas que nos hacen bien y aprender a entristecerse con aquellas cosas que nos hacen daño”. Cultivar el gusto de nuestros alumnos y de nuestros hijos, que sepan distinguir entre lo bello y lo feo, entre lo que ennoblece el espíritu y lo envilece. Algún problemilla tenemos si nos alegramos viendo GH. Siguiendo con la definición aristotélica, es aquello que hacemos lo que nos educa o nos deseduca, no tanto lo que nos cuentan, ni siquiera lo que pensamos. De ahí la importancia del comportamiento de los que tenemos educandos a nuestro cargo. Sabemos que nos observan, más aún, nos juzgan permanentemente.

Anoche vi un programa en el que Santiago Segura respondía a las preguntas de alumnos de Primaria. Ocurrió lo que suele ocurrir y es que la honestidad de los niños dejó por los suelos, en más de una ocasión, la elocuencia del adulto. Hubo varios momentos, pero con el que más disfruté fue aquel en el que un chaval le pregunta si sus hijas pueden ver las películas de Torrente. Segura no desaprovechó la ocasión para ejercer de padre responsable y le contestó que por supuesto que no, porque esas películas son bastante bestias, se hacen guarradas, etc. etc. La inocente y perpleja cara del crío no tenía precio cuando le espetó: “Entonces, ¿por qué las haces?”. Fue entonces cuando el simpático director hizo lo que pudo y balbuceó que si eran para adultos, que si eran divertidas…

Cultivar el gusto de nuestros alumnos y de nuestros hijos, que sepan distinguir entre lo bello y lo feo, entre lo que ennoblece el espíritu y lo envilece

Difícilmente vamos a cultivar el gusto de los nuestros si no cultivamos primero el nuestro, si no trabajamos la Educación estética además de la intelectual, la social o la emocional. Es el objetivo de la Educación del carácter, un concepto clásico que se ha recuperado en los últimos años. En palabras de la pedagoga española Concepción Naval, una de sus principales impulsoras a ambos lados del Atlántico, “la Educación de la persona completa no se reduce a los aspectos intelectuales, sino que también hay otros aspectos necesarios para que la persona se desarrolle en plenitud, sea feliz. Estos aspectos tienen que ver con la Educación afectiva, moral, social, estética. Esto tiene que estar armonizado: cuando unos aspectos se desarrollan mucho y otros en cambio quedan muy reducidos, esa persona va a tener dificultades en la gestión de sí misma, en la relación con los demás, y en el aporte que pueda hacer a la sociedad”.

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