El compromiso de Greta Thunberg

José Mª de Moya
Director de Magisterio
1 de octubre de 2019
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La adolescente Greta Thunberg con gesto entre emocionada y enfadada se dirigió a los líderes mundiales: “Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías. Y sin embargo, soy de los afortunados. La gente está sufriendo. La gente se está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva. Y de lo único que pueden hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven? (…) Nos están fallando. Pero los jóvenes están empezando a entender su traición. Los ojos de todas las generaciones futuras están sobre ustedes. Y si eligen fallarnos, nunca los perdonaremos”. Si estas mismas palabras las hubiera pronunciado un veterano activista o un Premio Nobel el impacto hubiera sido mínimo y en todo caso mucho menor. Pero en labios de una adolescente y cargadas de emotividad son pura dinamita para una opinión pública sedienta de emociones.

Quizá lo que más caracteriza a la etapa adolescente es la dificultad natural para asumir responsabilidades. Ya lo sabemos: los adolescentes quieren cosas pero no sus consecuencias. Forma parte de su proceso madurativo que aprendan a tomar decisiones responsables, poco a poco, de forma adecuada a su edad. Si esto no fuera así, algo no iría bien. Nos encontraríamos ante un adolescente hiperresponsable, malo, o ante un eterno adolescente, peor. Por eso, es normal que el discurso de Thunberg eluda la asunción de compromisos, ni personales ni colectivos. Más aún, no le interesan: “De lo único que pueden hablar es de dinero”, dice. Pero es que, claro, el compromiso contra el cambio climático cuesta dinero, el mío y el tuyo. Luchar contra el calentamiento global implica tomar decisiones personales que resultan incómodas. Para los adultos pero también para los jóvenes.

Es normal que el discurso de Thunberg eluda la asunción de compromisos, ni personales ni colectivos. Más aún, no le interesan

Ignacio Aréchaga recordaba la semana pasada en su blog El sonar algunas cosas que podrían hacer los jóvenes para demostrar que su compromiso con el medio ambiente es coherente y adulto. Por ejemplo, utilizar menos sus smartphones ya que, según estudios recientes, la huella carbónica de estos dispositivos está creciendo de forma acelerada hasta alcanzar el 3,5% en 2020. Más cosas. Viajar en tren en lugar de volar en low cost –tan popular entre los jóvenes– supone reducir un tercio las emisiones. No comprar zapatillas de marca “made in Pakistan” fabricadas en malas condiciones laborales y medioambientales, aunque eso suponga tener que pagar un 50% más. Son algunas ideas.

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