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Elogio del error

Jorge Burgueño
Escritor y maestro
4 de octubre de 2019
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Tanto en Educación como en investigación, da la sensación de que si no se cumple con los objetivos establecidos, la actividad debe ser considerada como un fracaso. En el caso de una investigación, si se plantea una hipótesis, parece que hay que hacer malabares para conseguir que se cumpla, a pesar de que las circunstancias o medios fueran a indicar lo contrario. Y en el campo educativo, cuando los objetivos programados no se alcanzan, parece que el trabajo realizado ha sido insuficiente.

Es un sobreesfuerzo que, bien planteado, quizá nos podríamos ahorrar. El inventor Thomas Edison argumenta la necesidad del error tras la pregunta de un periodista en la que le recordaba los casi mil fallos que tuvo antes de dar con el invento revolucionario del filamento de tungsteno: “No fracasé, solo descubrí 999 formas de cómo no hacer una bombilla”.

En el campo educativo, cuando los objetivos programados no se alcanzan, parece que el trabajo realizado ha sido insuficiente

El error es humano, y necesario. Cuando más aprendemos es cuando nos equivocamos, aunque nos pueda producir lógicamente rabia o frustración. Si un alumno comete un error, celebrémoslo, porque será una oportunidad para aprender. Si en una investigación la hipótesis inicial no se cumple, alegrémonos, porque podremos seguir indagando en el tema para tratar de dar con la hipótesis adecuada. Aunque parezca en contra de nuestra naturaleza, lo inteligente es no rechazar el error, sino asumirlo y aprender de él.

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