Íñigo Mugueta: “Lo primero que tiene que hacer un profesor es jugar él mismo”

El profesor de Historia de la Universidad Pública de Navarra recomienda “perder” tiempo jugando para aprender las mecánicas del videojuego y ver si es apto para la clase.
Adrián ArcosMartes, 15 de octubre de 2019
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Utiliza los videojuegos en clase como instrumento para aprender a reflexionar sobre la historia. Íñigo Mugueta, profesor especialista en Historia Medieval de la Universidad Pública de Navarra, nos da las claves para que la incorporación del videojuego al aula sea todo un éxito.

¿Cómo hay que aplicar un videojuego en clase?
—Cualquier docente que quiera llevar un videojuego al aula, lo primero que tiene que hacer es jugar él mismo. Siempre hay que fijar los objetivos didácticos antes de comenzar el proceso de aprendizaje, con lo cual hay que jugar antes para saber muy bien cómo lo vamos a utilizar.

¿Sirve para todas las materias?
—Yo trabajo con videojuegos de historia, entonces me resulta difícil recomendarle al profesor de Física cómo tiene que hacerlo, porque él conocerá mejor cuáles son los videojuegos que encajan más con su materia y con sus objetivos educativos. Yo sé cuáles son mis objetivos en Historia, y uno de los principales es enseñar a pensar históricamente, no enseñar tal o cual dato o fecha. Si tengo ese objetivo de enseñar a pensar, lo que tengo que averiguar es si hay algún videojuego que me ayude a hacer esto.

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El videojuego es un símbolo que sirve para representar lo que hemos estudiado anteriormente en clase

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¿Se utiliza como ejercicio para determinados temas o puede servir de herramienta para el aprendizaje de toda la asignatura?
—Tenemos las dos posibilidades. Hay videojuegos que recorren toda la historia, como Civilization, que lo han utilizado los mayores especialistas en estos temas, y donde empiezas en la prehistoria y llegas hasta el momento actual. Parecido es el Europa Universalis, que comienza en la Edad Media y recorre toda la Edad Moderna, por lo que también sirve para un periodo largo. Entonces, sí que creo que se puede hacer un trabajo con un videojuego durante todo el curso.

¿Cuál es el proceso de aprendizaje?
—Lo que tratamos de desarrollar en los alumnos es una conducta simbólica. El videojuego es un símbolo que representa la realidad histórica, por lo tanto debemos trabajar en paralelo: mientras trabajamos la historia, jugamos. Hay determinados momentos en los que detectamos que los alumnos se dan cuenta de lo que han estudiado, que reconocen ese símbolo, y es ahí precisamente donde se produce el aprendizaje. Por ejemplo, yo puedo trabajar el feudalismo con un videojuego en el que aparezcan los campos, el señor, los campesinos que trabajan las tierras, pero no representa a la perfección todos los intríngulis del feudalismo. Por eso nosotros estudiamos primero el tema en clase, y con los videojuegos vemos el símbolo de aquello que estudiamos. A través de ese símbolo, al alumno le resulta más fácil retenerlo. Por tanto, el trabajo con videojuegos no excluye el trabajo de estudio general en clase.

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Hoy en día, internet es una gran oportunidad para conocer otras experiencias y aprender de ellas

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¿No hay riesgo de que los alumnos se alteren demasiado con el uso de los videojuegos en clase?
—Por ejemplo, respecto a la Primera Guerra Mundial, existe el videojuego Valiant Hearts, que es verdad que tiene ciertos elementos violentos, pero los trata de una manera muy interesante, porque nos muestra los distintos puntos de vista en una guerra, su crudeza y sus efectos secundarios. Sí que es cierto que para las guerras yo no trabajaría con shooter –videojuegos de disparos–, ya que alteraría muchísimo a los alumnos. A mí me interesan más los juegos de estrategia, porque, dentro de la alteración propia del juego, al menos se manejan unos tiempos más pausados, y eso resulta interesante para fomentar la reflexión. Cuando tú llevas un videojuego de estrategia al aula, los niños primero se comportan como un shooter, van a tratar de matar rápidamente, pero se dan cuenta de que eso no funciona. Al final tienen que utilizar otras estrategias, porque no es un juego de guerra, sino de diplomacia, de economía, de sociedad…

¿Qué formación necesitan los profesores para saber aplicar los videojuegos en clase?
—Hoy en día, internet es una gran oportunidad para conocer otras experiencias y aprender de ellas. En Google Académico ya hay trabajos sobre videojuegos, y en nuestra página web historiayvideojuegos.com también pueden encontrar experiencias similares. La única formación necesaria es saber jugar, pero eso sí, lleva su tiempo. Porque lo interesante de un videojuego es cuando aprendes a manejar las mecánicas, y para eso no vale un conocimiento superficial del videojuego, tienes que haber jugado bastante.

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Mi experiencia en clase ha sido de una inmersión total, pero siempre bajo un criterio: un alumno por ordenador

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¿Qué riesgos tiene para la clase?
—Mi experiencia ha sido de una inmersión total y de un comportamiento en clase extraordinario, pero siempre bajo un criterio: un alumno por ordenador. Me ha pasado con algunas chicas que, en principio, eran mucho más refractarias a usar los videojuegos en clase, y al final los encontraron muy divertidos. En cuanto al comportamiento, cero problemas, pero eso sí, tenemos que estar dispuestos a perder unas sesiones para trabajar ese símbolo que es el videojuego.

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