Señor profesor, su perro no habla

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Cuentan que el primer día de clase, un profesor de pedagogía dijo a los futuros maestros: “He dedicado este verano a enseñar a hablar a mi perro. Está ahí fuera y si quieren lo paso para que les haga una demostración”. Y ante el sentimiento entusiasta de los alumnos, introdujo al perro, que se tumbó delante de la mesa. Pasaron cinco minutos y el perro no había dicho ni una palabra. Pasaron otros cinco y el perro seguía mudo. Al final, un alumno se levantó y dijo: “Señor profesor, su perro no habla”. El profesor respondió: “Su observación es acertada, y muy importante para su futura profesión de docente. Yo he dicho que había enseñado a hablar a mi perro, no que mi perro hubiera aprendido. No olviden que su profesión no es enseñar. Su profesión es conseguir que aprendan”. (Tratado de Filosofía Zoom, José Antonio Marina).

Conseguir que aprendan. Manuel Vilas, antes de dejar las aulas por la escritura profesional, intentó que aprendieran sus alumnos durante los veinte años que ejerció como maestro de Lengua y Literatura. Lo cuenta en su espléndida novela autobiográfica Ordesa.

“Los profesores españoles –escribe– se rasgan las vestiduras porque los alumnos no saben tal o cual cosa. No se dan cuenta de que lo que a ellos les parece importante no es más que una convención, una construcción cultural que a sus alumnos simplemente no les interesa”.

No olviden que su profesión no es enseñar. Su profesión es conseguir que aprendan

Ven los chicos esas convenciones como las vería el perro del profesor de pedagogía. “Porque los alumnos pertenecen a otro mundo. Están pensando en otras cosas”.

Vilas recuerda, por ejemplo, cuando enseñaba las oraciones subordinadas:

He leído el libro que me prestaste ayer.

“Nos quedábamos mirando la frase en la pizarra. ¿Qué libro sería? ¿Quién sería la persona destinataria del préstamo? ¿Valió la pena leer ese libro? ¿No hubiera sido mejor que te prestaran cualquier otra cosa, en vez de un libro?”.

No nos consta que los alumnos de Vilas aprendieran sintaxis. Sin embargo, según él mismo confiesa,  ellos sí le enseñaron algo:  un sentido de la libertad. 

Lo demás se da por añadidura…

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