La sobrecualificación, un factor más de paro juvenil

La proporción elevada de graduados en estudios superiores no es bien absorbida por el tejido productivo español.
Adrián ArcosMartes, 12 de noviembre de 2019
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El tejido productivo español manifiesta un elevado déficit de jóvenes formados en los niveles técnicos, sobre todo en FP, históricamente infravalorada.

Las nuevas generaciones se enfrentan a desafíos y cambios en nuestra sociedad como la desregulación laboral, los nuevos modelos de ocio, la transformación en los valores o la influencia de las TIC en las dinámicas relacionales. En Educación y empleo, que son las bases fundamentales para la inserción de los jóvenes, lo más notorio es que, pese a las mejoras sustanciales de las cualificaciones académicas que se han experimentado en las últimas décadas, los datos continúan mostrando una situación no excesivamente satisfactoria. Así se refleja en Protagonistas y espectadores, el último informe sobre juventud elaborado por la Fundación SM y la Fad (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción).

En el informe vemos cómo la tasa de paro varía abruptamente en función de los distintos niveles formativos de los jóvenes. Para aquellos que tienen completada hasta la primera etapa de Educación Secundaria, la media de paro en el año 2018 era del 54,35% (suma ponderada de las tres horquillas de edad presentes en la EPA: de 16 a 19, de 20 a 25 y de 26 a 29 años).

El tejido productivo español manifiesta un elevado déficit de jóvenes formados en los niveles técnicos, sobre todo en FP.

A medida que aumenta el nivel formativo, la cifra desciende sensiblemente. Entre los que tienen la segunda etapa de Secundaria completa (Bachillerato o FP Grado Medio), la media desciende hasta el 27,65%. Sin embargo, observamos cómo el desempleo sube ligeramente en los jóvenes que poseen Educación Superior, concretamente cuatro puntos más que la Educación Secundaria, hasta alcanzar el 31,79%.

Es evidente que el nivel de cualificación de los jóvenes españoles impacta de forma decidida en su potencial empleabilidad. Conformarse con un nivel básico de estudios representa un grave problema para encontrar trabajo. Pero también nos encontramos con dificultades justo en el lado  contrario: la sobrecualificación.

La proporción relativamente elevada de licenciados o graduados en estudios superiores no es bien absorbida por el tejido productivo español, que manifiesta un elevado déficit de jóvenes formados en los niveles técnicos, sobre todo en FP, históricamente infravalorada como alternativa laboral.

Los jóvenes soportan una muy elevada tasa de paro, y cuando consiguen un empleo, la precariedad del mismo.

A este problema de cualificación de los jóvenes españoles, especialmente en los niveles técnicos de FP, del que constantemente alertan empresas y organismos educativos y gubernamentales, se suman las graves deficiencias del mercado de trabajo nacional. Los jóvenes soportan una muy elevada tasa de paro, y cuando consiguen un empleo, la precariedad del mismo.

El estudio nos da la espectacular cifra del 60% de trabajadores jóvenes con contratos temporales sobre el total de trabajadores jóvenes; y la de jóvenes con jornada parcial involuntaria tampoco es en absoluto positiva, con cerca del 64% sobre el total de jóvenes con jornada parcial. Y las mujeres lo sufren en mayor medida que los hombres.

Las cifras directamente impiden a los jóvenes emanciparse, salir del hogar familiar para encarar su propio desarrollo vital autónomo.

Estos datos provocan que alrededor del 35% de los jóvenes españoles (más que la media de la UE que se sitúa en el 27%) no alcancen el 60% de los ingresos medios del país. No es en vano que estas cifras desalientan profundamente o directamente impiden a los jóvenes emanciparse, salir del hogar familiar para encarar su propio desarrollo vital autónomo.

La edad media de emancipación es de las más altas de Europa (cerca de los 29 años). Y tampoco alientan a desarrollar un proyecto familiar personal (la tasa de natalidad media es de 1,21 hijos por mujer). Aunque el informe no descarta ciertas pautas culturales en el comportamiento emancipatorio, que tienen que ver con un modelo histórico y cultural claramente familiarista que se basa en la convicción de que la familia es responsable de mantener a los jóvenes hasta que puedan emprender su proyecto vital.

En el balance positivo, el estudio de Fundación SM y la Fad apunta a la percepción de los jóvenes españoles sobre su estado de salud. Una mayoría refleja que su estado de salud es muy bueno, siempre por encima de sus coetáneos europeos. Y sufren de pocas limitaciones físicas, o de trastornos psicológicos como la depresión u otras afecciones psicológicas, en las que se colocan por debajo de sus compañeros europeos.

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