¡Niño, siéntate!

Jorge Burgueño
Escritor y maestro
4 de noviembre de 2019
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Desde hace varias generaciones, se asocia el término “Educación reglada” con pupitres y asientos rígidos. A pesar de los avances en salud y neurociencia, que advierten de la necesidad de movimiento para que exista mejora en la atención y en la capacidad de aprendizaje, se obliga a los alumnos a permanecer al menos seis horas sentados cada día, salvo en clase de Educación Física (curiosamente la asignatura que normalmente es elegida por los alumnos como “favorita”).

El ejercicio físico es imprescindible para la adecuada salud de niños y adultos. Los pediatras recomiendan tres horas de juego libre y ejercicio para los menores de 8 años. Por encima de esa edad, la recomendación es mínimo una hora de ejercicio físico al día.

Los estudios neurológicos indican que los hábitos que incluyen ejercicio aumentan la plasticidad cerebral, que es indispensable para el proceso de aprendizaje. Además, ayuda a adquirir técnicas de socialización que de otra manera no podrían interiorizar y tiene influencia a la hora de canalizar el estrés. Por supuesto, tiene enormes beneficios en la salud, reduciendo la hipertensión, el riesgo de cáncer, de infarto, de diabetes o incluso de un infarto cerebrovascular.

Si todo son ventajas… ¿por qué nos seguimos empeñando en obligar a los alumnos a permanecer sentados tantas horas al día?

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