Pactar es un arte

Rafael Guijarro
Periodista
26 de noviembre de 2019
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Lo vemos en las familias: no se puede ser un mandón perpetuo. Con los hijos, poco a poco, se van limando aristas, que son diferentes con la edad que van teniendo hijos y padres: no es lo mismo un padre de 32 años y un hijo de 4 que un padre de 86 y un hijo de 54. Toda la vida la pasamos pactando, si queremos pasarla bien y que los demás también la pasen así. Ahora estamos viendo escenarios de incomprensión mutua en las sociedades o grupos que no han sabido pactar, tal vez porque no se lo hayan enseñado en casa de pequeños.

Pactar es un arte que se cultiva valorando al otro, sin querer imponerle lo que pensamos que le conviene, porque la mayor parte de las veces eso solo es lo que nos conviene. Hay gente que lleva muchos años sin entenderse y se han esclerotizado sus relaciones, incapaces de evolucionar y adaptarse a la situación actual de pactar y votar, y votar y pactar, aceptándose mutuamente a pesar de sus diferencias.

La esclerosis tiene difícil curación y es un síntoma de vejez, a veces prematura, que bloquea tu cuerpo y le impide moverse. En la sociedad se palía, porque no hay quien la cure cuando está extendida, volviendo a aprender a pactar, porque el otro se lo merece. Es un arte volver a la flexibilidad perdida, pero hay que esforzarse en practicarlo.

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