Tatuajes

Jorge Burgueño
Escritor y maestro
18 de noviembre de 2019
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Mi mujer se ha hecho un tatuaje. Es un detalle pequeño, escondido y casi imperceptible, pero está ahí. Se trata de un tema que yo no comprendía, esa necesidad de tener algo escrito en la piel de por vida…

Sin embargo, cada vez voy comprendiendo un poco más el sentido más allá de lo puramente estético. Símbolos, palabras, nombres o dibujos que asociamos a situaciones o vivencias que son importantes para la persona. De esta forma, conectamos casi sin quererlo con la parte emocional de nuestro cerebro, y produce una sensación agradable, de manera parecida a como lo haría el olor de una colonia conocida en el metro, o una cucharada de lentejas como las que hacía mi abuela.

Ojalá todos los aprendizajes se fueran tatuando en nuestro cuerpo (metafóricamente, por supuesto) de forma que cada vez que quisiéramos recordar algo, lo único que tuviéramos que hacer fuera recurrir a nuestros sentidos para rescatar el significado de lo aprendido. En realidad eso sería lo que en Educación y Pedagogía llamamos “aprendizaje significativo”. Algo que se hace más posible si utilizamos lo que sabemos sobre la vinculación del aprendizaje con las emociones y nos aprovechamos de los sentidos que tenemos.

 

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