Nuestros jóvenes se sienten solos… ¿Qué está ocurriendo?

Israel Berna
Maestro tuitero
13 de enero de 2020
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Hay una noticia que me ha llamado poderosísisamente la atención y tenía intención de sacarla al escrutinio público. Según una encuesta realizada por DYM Market Research, ocho de cada diez jóvenes dicen sentirse solos. Ojo al dato, como repetía una y otra vez el gran periodista radiofónico José María García, de cada diez jóvenes que te topes en la calle entre 18 y 25 años, ocho tienen una mayor percepción de la soledad que en otras franjas de edad. Además, la encuesta señala que los jóvenes que se sienten más solos reconocen que usan una mayor cantidad de redes sociales en su día a día, lo que claramente implica menos relaciones sociales con los demás. Hay otros datos de la investigación ciertamente interesantes, por ejemplo: más de la mitad de los encuestados sugieren que el problema de la soledad debería ser tratado por las instituciones públicas, mientras que un 30,4% considera que es responsabilidad del propio individuo, un 4,7% cree que este problema debería ser abordado por instituciones privadas, un 4,2% por familia y amigos y el resto dice que se ocupen las ONG.

Lo que es obvio, es que estos contundentes datos apuntan a una tendencia que asusta:  cada vez más, los jóvenes sienten una mayor soledad. De hecho, DYM Market Research concluye que aquellos que se consideran menos felices pasan bastante menos tiempo con sus familiares y amigos. Fíjense: aquellos que son más infelices pasan 17 horas semanales de media con sus seres queridos, frente a las 29 horas que la gente feliz o muy feliz se encuentra con las personas más cercanas.

Los jóvenes que se sienten más solos reconocen que usan una mayor cantidad de redes sociales en su día a día, lo que claramente implica menos relaciones sociales con los demás

Nunca antes se había alcanzado tal nivel de progreso. Recordemos que vivimos  en pleno siglo XXI, época de la llamada tercera revolución industrial o revolución científico-técnica, en la que con un simple click de nuestro móvil podemos estar conectados con el mundo entero en cuestión de segundos. No obstante, se hace patente que un mayor  “progreso” no implica una mayor felicidad. Hay algo en nuestra sociedad que no está funcionando correctamente. Los chavales son capaces de pasarse un buen rato posando y buscando la foto perfecta para Instagram, pero realmente sus vidas están más vacías de lo que parece. ¿Cuál es el origen de esa soledad? ¿Qué podemos hacer ante esta grave situación que se extiende como una mancha de petróleo en pleno océano?

Desde mi humilde opinión creo que el origen radica en un problema de “existencialismo” y no me refiero a la famosa corriente filosófica del siglo XIX, sino que creo que los jóvenes no encuentran espacios para cuestionarse sobre sí mismos y  sobre el sentido de su vida  ¿Qué podemos esperar de la sociedad del  futuro si dejamos que nuestros hijos se pasen horas y horas jugando al móvil? Pienso que si no fomentamos una educación con límites;  una cultura de encuentro y diálogo a través  del deporte, la naturaleza o el voluntariado; tiempo de calidad en familia, sin aparatos tecnológicos de por medio; una cultura del silencio, sí querido lector, lo ha leído muy bien, del silencio ¡pruebe a dejar a su hijo en silencio y no tardará ni cinco segundos a escuchar las palabras “me aburro” o “me estreso”!; Si no somos conscientes del problema y tomamos serias medidas, estaremos contribuyendo a una sociedad cada vez más artificial, egocéntrica y, sin lugar a dudas, solitaria.

¡Pruebe a dejar a su hijo en silencio y no tardará ni cinco segundos a escuchar las palabras “me aburro” o “me estreso”!

¡Ah! Y no quiero terminar el artículo sin nombrar el ingrediente más poderoso contra la soledad: el amor. Ese que piensa más en los demás que en la propia persona; que es capaz de romper cualquier barrera y que sabe construir una sociedad más feliz; ese que todo ser humano llevamos dentro y que es esencial que lo saquemos, que nos ayuden a sacarlo y que ayudemos a otros a sacarlo desde lo más hondo. Solo podremos ganar a la soledad con mucho amor, el arma definitiva para curar todas las penas. Así que si eres padre o madre, no olvides decir cada día a tus hijos lo mucho que los quieres; y si eres educador, haz saber a tus alumnos que para ti son únicos e irrepetibles. Como decía el cantante Leonard Cohen: “El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males”.

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