El profe me tiene manía

Jorge Burgueño
Escritor y maestro
11 de febrero de 2020
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¿Quién no ha escuchado –o incluso ha utilizado– alguna vez aquella excusa de “es que me tienen manía” cuando los resultados no acompañan? Es curioso cómo siempre se ha hablado de “favoritismos” y “manías” de los docentes hacia sus alumnos, pero ¿qué hay de real en esto?

Toda relación humana tiene inevitablemente un componente emocional. Sucede en las relaciones entre adultos, entre niños o entre un adulto y un menor. Así, del mismo modo que podemos tener mayor o menor afinidad con una persona que conocemos, ocurre con la diversidad de miembros que habitan el aula. Cada uno es diferente, y es natural tener más conexión con unos que con otros. Si ‘enganchan’ con el sentido del humor, con la forma de expresarse, si sonríen más o menos, si participan mucho o poco, si se meten en la dinámica de la metodología que se propone, etc. Es lógico que afecte a una relación.

La clave está en lograr ser un profesional íntegro, y no dejarse influir por “afinidades emocionales”. La justicia es una parte nuclear de la formación: se educa por, para y en la justicia. Y cualquier persona (niño o adulto) se da cuenta enseguida cuando existe parcialidad. Por eso, el docente debe saber mantener una distancia, sin llegar a ser frío, para cuidar esa relación con sus alumnos y mostrarse disponible a todos ellos por igual.

 

 

 

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