Julián Ruiz: “Nos llaman ‘segregadores’ por poner a su disposición los recursos que necesitan”

Las familias de los centros de Educación Especial están en alerta y dispuestas a todo ante la amenaza de cierre de sus centros. De momento, solo han amagado, así se empieza... No se fían.
José Mª de MoyaMartes, 25 de febrero de 2020
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Julián Ruiz se ha jubilado después de más de 30 años dirigiendo un centro de Educación Especial por el que han pasados más de un millar de chavales con problemas de aprendizaje, como le gusta llamarles. Ahora dirige la Asociación Nacional de Centros de Educación Especial (Ancee). Esta veteranía le hace estar un poco de vuelta de tanto debate ideológico esteril. Sus palabras derrochan una sabia mezcla de sentido común y cariño cuando se refiere a “estos chicos” y a su sufrimiento cuando se les incluye (explica que “incluir” es sinónimo de “colocar”, según la RAE) en centros no adaptados a sus necesidades. Sufrimiento al que vuelve una y otra vez durante la entrevista como si le doliera a él. Por eso, le preocupan especialmente esos chavales con déficit intelectual ligero conscientes de sus limitaciones “porque en un centro ordinario siempre salen perdiendo”.

Pregunta. Explíquenos cuál es el objetivo de su asociación…
—Ancee es una asociación que agrupa colegios de Educación Especial de toda España con la intención de defender los derechos de estos centros y procurar una mejor atención para los chavales. Son centros privados o concertados que se crearon a iniciativa de familias que tenían en su seno algún niño con discapacidad y consideraban que sus hijos no estaban suficientemente bien atendidos en el sistema educativo.

¿Comparte su asociación el concepto de integración que emanó de la Logse?
—De hecho, las familias que pusieron en marcha estos centros tenían otros hijos que no presentaban problemas, quisieron que se les escolarizara con los chavales con problemas y para ello adaptamos los programas. De modo que muchas veces también se utiliza una modalidad educativa combinada para chicos con problemas de aprendizaje. Van a un instituto unos días en semana y otros días se quedan con nosotros para reforzar las áreas en las que tienen más dificultades. Al cabo de un tiempo se incorporan definitivamente al instituto. Luego hay otros chicos que provienen de la enseñanza ordinaria porque ha habido un momento en que las diferencias son muy acusadas… Muchos de ellos tienen capacidad para darse cuenta de sus limitaciones, se comparan y observan que siempre salen perdiendo en todo. Eso acaba con la moral de cualquiera.

¿Puede que los padres, con la buena intención de ayudarles llevándoles a un centro ordinario, les perjudican?
—Claro, porque lo prioritario de un centro ordinario es el rendimiento académico. Un crío que no es capaz de seguir el ritmo de sus compañeros se da cuenta. Está siempre a expensas de la ayuda que va a recibir de los demás y lo que conseguimos es prolongar su dependencia. Aquí, en un centro de Educación Especial, todo el colegio está pensado para ellos. Tienen un personal multidisciplinar que está conviviendo con ellos todo el día. Los padres, lo que necesitan, y cuanto antes, es que se les dé información de sus hijos y no que se escondan.

“Inclusión es simplemente colocar. Tú colocas y ya lo has incluido. Integración es pertenecer a un grupo”

¿Qué hay detrás de los planteamientos ideológicos del modelo de inclusión que lleva a proponer que se cierren los centros de Educación Especial?
—Nos llaman “segregadores” porque, según ellos, los segregamos al poner a su disposición recursos suficientes como para poder atender sus necesidades. Que eso sea segregación no acabo de entenderlo. Hay una cierta confusión terminológica. “Inclusión”, según el DRAE, es simplemente colocar. Tú colocas y ya lo has incluido. “Integración” es pertenecer a un grupo y que funcione con los demás. Pero se ha impuesto esta terminología y –como digas algo en contra de la inclusión– te queman en la plaza pública. Yo no niego que en un centro ordinario haya profesionales perfectamente capacitados para trabajar con estos críos y atenderles en sus necesidades, pero me parece importantísimo el ambiente.

¿Qué mueve a los que sostienen que la Educación inclusiva solo puede aplicarse en centros ordinarios?
—Lo justifican diciendo que la relación con los otros debe empezar pronto. En los centros de Educación Especial lo que se pretende, precisamente, es esa inclusión, que estos chavales cuando salgan de haber recibido la atención que necesitan estén en condiciones y con la fortaleza suficiente para que la relación con otras personas en el mundo laboral o en la sociedad sea posible, para que se integren. Si no tienen esas fortalezas, no van a poder integrarse.

¿Qué tipo de alumno atienden en sus centros?
—Hay chavales con problemas motóricos, parálisis cerebral, niños que tienen que ir en silla de ruedas y necesitan mucho personal para atenderles… Pero hay un tipo de chaval que está en tierra de nadie, con un déficit intelectual de carácter ligero que pasa desapercibido y que no tienen ningún síndrome que le delate. Son esos, precisamente, con los que hay que tener mucho más ojo y mucho más cuidado. Tienen capacidad suficiente para darse cuenta de su limitación y lo pueden pasar peor.

“Las familias están asustadas porque sus hijos tengan que abandonar el colegio”

Por tanto, ¿usted bajaría el listón para derivar a un centro de Educación Especial en lugar de subirlo, como se pretende?
—Lo que no puede ser es, como ha hecho la Consejería de Educación de Madrid, decir a sus orientadores: “A partir de 50 de cociente todos a integración, los que están por debajo de 50 a Educación Especial”. Cada chaval tiene sus propias peculiaridades, habrá que estudiarlos a fondo, conocerlos bien y derivarlos a la modalidad educativa apropiada. La Educación Especial tiene que ser un recurso a disposición de los chavales que lo necesiten y no se puede acabar con ella.

Desde el Ministerio se ha llegado a decir que “los padres no saben lo que conviene a sus hijos”…
—Sí, y además: “Aquí los que más sabemos somos nosotros, la Administración pública, que es la que decide dónde va tu hijo y lo que necesita”. Las familias de estos críos dicen algo bien distinto: “Déjeme a mí elegir, que tengo a mi hijo y sé de qué va la cosa. Usted infórmeme bien para que yo pueda decidir”. Habrá chavales que pueden estar en centros ordinarios, ¡pues estupendo! Si allí están bien, ¿por qué los vas a sacar? Además, eso lo va a notar el niño. El niño lo nota todo.

“Muchos tienen capacidad para darse cuenta de sus limitaciones, se comparan y ven que salen perdiendo”

¿Cuál es la actitud de los centros ordinarios ante la pretensión de derivarles alumnos de Educación Especial?
—Están preocupados. Piensan, con toda lógica, que va a llegar al centro un tipo de chaval para el que no están preparados y que no van a saber qué hacer con ellos. Habrá que dotar a los centros ordinarios de personal especializado y darles recursos. Va a ser carísimo. Una ruina…

¿Cómo lo perciben las familias?
—Están asustadas por la posibilidad de que sus hijos tengan que abandonar el colegio.

¿Por eso han empezado a movilizarse?
—Sí, han recogido un montón de firmas que se entregaron en el Congreso de los Diputados.

Para terminar, ¿cómo ha ido el II Congreso de Educación Especial que celebraron la semana pasada?
—En esta ocasión hemos quedido dar voz a las familias y a los chicos. Ha habido mesas donde han contado sus vivencias en los colegios de Educación Especial. También han estado representadas empresas que dan trabajo a estos chicos para que nos cuenten sus experiencias con ellos.

Ancee, algo de historia

1977. Ancee es la asociación decana de los centros educativos de Educación Especial. Nació al amparo de la Ley 19/1977.

Convenio. Creó el Convenio de Centros de Atención a Personas con Discapacidad.

Actualmente. Ha extendido su actividad a centros ocupacionales y a servicios de atención a personas con discapacidad o necesidades educativas diferenciadas.

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Comentarios
  1. Noticias | Del 22 al 27 de febrero - UCETAM
    25 de febrero de 2020 10:29

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