La creatividad en la escuela

Marta Baeza
Docente de Marketing Educativo y Cultural
11 de febrero de 2020
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La cultura y la Educación tienen el poder de transformar vidas, y por tanto sociedades. Así lo afirma la Unesco y, si esto es así, ¿no deberían ser ambas la base sustentadora de todo ser humano? En este artículo se plantea que las dos son imprescindibles, esto ya lo sabemos, pero se pone el foco en el efecto multiplicador de su interrelación cuando esta se da en el sentido adecuado.

En la Educación y la cultura se encuentran, entre otros, la generación de valores individuales y colectivos, la capacidad de resolver problemas de forma creativa, la competencia de adaptarse a entornos cambiantes, la realización personal y, si me apuras, la salud y por tanto la felicidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó por primera vez a finales de 2019 que se introdujera el arte y la cultura en los sistemas sanitarios.

Si aterrizamos estos grandes titulares en la escuela, germen de toda persona y colectivo, son muchos los expertos, organizaciones y estudios que afirman la importancia de introducir la creatividad desde la primera infancia. Pero… ¿qué entendemos por creatividad? Y, ¿por qué es tan importante?

"Necesitamos escuelas creativas, con educadores formados, que puedan orientar a los futuros profesionales para aportar ideas y soluciones que construyan este nuevo modelo social"

El filósofo José Antonio Marina la define como que “no sólo es tener buenas ideas, sino ser capaces de evaluarlas para que estas contengan novedades valiosas”. Además, este experto ofrece un dato crucial sobre la “utilidad” de la creatividad (sin querer abrir el melón sobre la sobrevaloración de la utilidad en las sociedades occidentales): “El 65% de las profesiones que ocuparán los niños que ahora están en la escuela todavía no se han inventado”.

El conocido educador y divulgador británico Ken Robinson, autor de la conocida frase de que “la escuela mata la creatividad”, define esta como “el proceso de tener ideas que aporten valor”. Él también destaca el matiz de que el desarrollo de la creatividad no tiene que estar necesariamente ligado al arte, aunque es obvio que la cultura alimenta la creatividad y viceversa.

Si retomamos la reflexión sobre las sociedades que estamos creando y sobre cómo debemos formar a los ciudadanos del futuro, cito aquí la definición de creatividad de la educadora Coral Seguí, que afirma que es “la capacidad de ver la realidad con una mirada abierta y saberle dar respuestas de manera diferente”.

La creatividad no tiene que estar necesariamente ligado al arte, aunque es obvio que la cultura alimenta la creatividad y viceversa

Nuestro modelo actual se basa en el sistema capitalista, centrado en la productividad, el consumo y el castigo del error, aunque sea mínimo. Sin embargo, ya sabemos desde hace tiempo que este modelo está provocando una grave crisis de nuestro entorno y que para educar en creatividad es necesario eliminar el miedo a equivocarnos, ya que esto es lo que nos hace probar diferentes soluciones, evaluarlas…

Quizá debamos admitir de una vez que es el momento de responsabilizarnos de nuestra realidad actual y de evolucionar hacia otro sistema, más sostenible, solidario y creativo. Pasar de la sociedad de la producción, a la sociedad de los valores. Y, para ello, necesitamos escuelas creativas, con educadores formados, que puedan orientar a los futuros profesionales para aportar ideas y soluciones que construyan este nuevo modelo social.

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