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Aprendizajes para el futuro (I)

Manuel Carmona
Profesor universitario
30 de abril de 2020
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El futuro es el destino de la persona. Esta realidad radical la descubrió y asumió Ortega en 1914 con su ensayo Meditaciones del Quijote, y Julián Marías la desarrolló durante unos 60 años hasta unos límites nunca antes explorados por ningún ser humano. Tal grado de profundidad alcanzó Marías, que llegó a crear un adjetivo sustantivado, futurizo, definido y explicado por primera vez en Antropología metafísica (1970), y que posteriormente sería incluido en el Diccionario Español de la Lengua de la RAE.

Este tiempo afrontando el Covid-19 en todo el mundo nos tiene que servir de estímulo para formarnos y poner en práctica a diario una serie de recursos, actitudes y comportamientos que hemos de cultivar a nivel personal, intergeneracional e internacional. Esos pilares los voy a organizar en dos grandes bloques temáticos: uno bajo el epígrafe de teleformación. Y otro bajo el título de inteligencia emocional. Y ambos entrelazados por dos valores, derechos y actitudes irrenunciables en la biografía de cualquier persona: la libertad y la responsabilidad.

Parto de la experiencia de otros compañeros docentes universitarios y también de la mía propia. Ejerzo la teleformación desde el otoño de 2008 cuando comencé en la empresa Háblame.tv. Años después la he continuado en la Universidad Isabel I y en la Udima, y ahora en la URJC.

Este tiempo afrontando el Covid-19 en todo el mundo nos tiene que servir de estímulo para formarnos y poner en práctica a diario una serie de recursos, actitudes y comportamientos que hemos de cultivar

Cuando se decretó el estado de alarma en España, llevábamos completadas dos terceras partes del Segundo Semestre del curso académico. Unos días después de clausurarse la docencia presencial, mis estudiantes me entregaron el segundo trabajo para evaluar, y aproveché esos primeros siete días para corregirlos y ver cómo funcionaba la plataforma online por videoconferencia de la URJC, Blackboard. Al comprobar que iba bien, retomé mis cursos con los dos grupos hasta el punto de completar el I Congreso Internacional Artistas y Técnicos en el Aula por esa vía reuniendo a 150 personas el pasado 14 de abril.

Las dos materias que imparto las hemos podido continuar con total normalidad durante este mes y medio, al igual que otros compañeros, haciendo pequeñas adaptaciones al nuevo medio. Además, los estudios de investigación de mercado en los que colaboro en los últimos años, haciendo una labor técnica básica, me han confirmado que miles de médicos y profesionales sanitarios optan por la teleformación para seguir formándose. Por tanto comprobamos que el espectro de esta modalidad educativa tiene un presente sólido y que su futuro si se mima y se innova podría ser aún mejor.

La teleformación cuando se desarrolla haciendo un buen uso de la libertad propia y de la libertad del colectivo, y se practica desde la responsabilidad personal y grupal, nos permite una libertad de acción importante: solamente necesitamos un ordenador, una buena conexión a Internet y una formación previa básica en el uso de esa App, para llevarla a cabo. Y, por supuesto, como todo en la vida, vocación.

La teleformación cuando se desarrolla haciendo un buen uso de la libertad propia y de la libertad del colectivo, y se practica desde la responsabilidad personal y grupal, nos permite una libertad de acción importante

En estos casi dos meses en que nos hemos visto obligados a completar el curso vía online, estamos cotejando una vez más que con la buena voluntad, el interés y el compromiso de profesores y estudiantes es factible seguir enseñando y aprendiendo. Y que nadie se queda atrás si pone de su parte, y si no cuenta con las herramientas informáticas en buena medida se están buscando soluciones para esas personas afectadas. Esto último me lleva a plantear la obligación que tenemos todos, desde las instituciones públicas a las privadas, pasando por las familias y cualquier persona, de darnos cuenta de cuáles son las cosas y los recursos imprescindibles para la mayoría en este siglo XXI. Que esta experiencia mundial nos abra todos los sentidos y nos sirva para centrarnos en las circunstancias comunes que hemos de mejorar: los Servicios Sociales, la Educación y la Asistencia Sanitaria.

Para que ello sea posible es imprescindible que dejemos atrás el egoísmo personal y también el que practican los grupos partidistas, y que nos eduquemos todas las generaciones en fomentar un auténtico espíritu de cooperación intergeneracional. Solamente así será factible no solo mejorar las circunstancias antes nombradas, sino también afrontar un drama como es la muerte, la gran olvidada durante los últimos 40 años por unas sociedades en demasía frívolas hasta que aquélla se presente inexorable en el camino de cualquiera.

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