Propuestas para el inicio del curso 2020-21

Antonio Jimeno
Presidente del sindicato de profesores AMES
18 de mayo de 2020
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ADOBE STOCK

  1. Lo que nos dicen los especialistas en epidemiología

En primer lugar hay que decir que los epidemiólogos no saben con certeza absoluta cómo se comporta el SARS-CoV-2 y, por lo tanto, no nos pueden decir con la seguridad que exige la ciencia, qué va a pasar si hacemos esto o lo otro. Mientras los bioquímicos intentan crear medicamentos para disminuir los graves síntomas de la Covid-19 en los contagiados, y los inmunólogos intentan crear una vacuna para los no contagiados, lo que sí nos dicen los epidemiólogos es:

  1. El uso de mascarillas disminuye la transmisión del virus, porque dificulta la entrada y salida de las microgotas de agua que los contienen.
  2. El distanciamiento también disminuye el contagio, porque las microgotas caen al suelo antes de pasar de una persona a otra.
  3. El lavarnos las manos con jabón destruye el virus, porque el jabón disuelve la membrana de lípidos que sostiene las proteínas en forma de espinas, que el virus utiliza para entrar en nuestras células.
  4. El usos de guantes también disminuye el contagio, pero solo si NO nos tocamos la cara con los guantes, ya que sobre ellos puede haber microgotas, y si los lavamos con jabón antes de volverlos a utilizar.
  5. Las personas que se han hecho un test de anticuerpos contra el virus y han resultado positivas, es decir que ellas tienen anticuerpos, ya son inmunes a ese virus y, pasados unos días, podrían iniciar una actividad laboral normal, sin necesidad de usar mascarillas, ni guantes.
  6. Las personas que tienen una temperatura superior a 37,5 ºC, tos seca y cansancio puede ser que se hayan contagiado con el SARS-CoV-2 y deben quedar aislados en una habitación, en espera de un test que detecte antígenos del virus o de una PCR que identifique el ARN del virus. Otro síntoma común de la Covid-19 es el dolor de garganta.
  7. El verano dificulta el contagio porque al ocupar el Sol una posición más elevada, llegan más rayos ultravioletas por centímetro cuadrado y esta radiación altera el ácido ribonucleico (ARN) del virus. Por otro lado, la temperatura elevada favorece la evaporación del agua, con lo que aumenta la humedad del aire, lo que produce que las microgotas que contienen el virus absorban agua, aumenten de tamaño y finalmente caigan por gravedad. Se ha visto que una humedad del 80% impide el contagio.
  8. El invierno favorece el contagio porque llega menos radiación ultraviolada por centímetro cuadrado y, además, al ser la temperatura más baja se evapora menos agua, las microgotas no aumentan de tamaño y no caen, sino que se mantienen en el aire y pueden infectar a otras personas.
  1. La disyuntiva entre la salud y la economía.

A favor de continuar el confinamiento tenemos que el virus continúa estando presente en la calle, por lo que si no salimos disminuye la probabilidad de contagio, que la creación de medicamentos eficaces para tratar los síntomas puede tardar bastantes meses, que una posible vacuna no es probable que llegue en menos de un año y que los servicios sanitarios han de tener capacidad de respuesta, es decir no pueden volverse a bloquear por un súbito y significativo aumento de pacientes. En contra del confinamiento tenemos que posiblemente habremos de convivir con el virus en la calle durante muchos meses o años y que si antes no reiniciamos la actividad laboral, nos empobreceremos y nos faltarán cosas esenciales, como trabajo, medicinas, alimentos, instrumentos, repuestos, etc.

La solución pasa por un equilibrio en el que arriesgando al mínimo la salud, se pueda iniciar la actividad laboral de forma paulatina. Debería empezarse solo en unos lugares, yendo primero los que son inmunes, es decir los que se han hecho un test de anticuerpos y han salido positivos, yendo luego el resto, que hasta que no se hayan hecho el test de anticuerpos y sean positivos, deberían utilizar siempre mascarillas y guantes y mantener los dos metros de distancia en la calle y en el trabajo. En el caso de detectarse repuntes de contagios se debería volver al confinamiento. Para tranquilizar a la población, los que ya son inmunes podrían llevar un distintivo.

  1. Cómo reiniciar la actividad escolar.

Hay que diferenciar las etapas de Infantil (de 0 a 6 años), de Primaria (de 6 a 12 años) y de Secundaria (de 12 a 17 años). En la Infantil no se debería admitir alumnos de edades cuyos maestros consideren que es imposible conseguir que mantengan las distancias entre ellos. Por lo tanto, el padre, o la madre o su responsable, debería tener un permiso legal para no acudir al trabajo.

En la Primaria, si en la casa hay algún adulto que puede hacerse cargo de los niños, se debería permitir legalmente que esta persona no fuera a trabajar, pero si no hay nadie así, como los niños de estas edades no pueden quedarse solos en casa, pero si pueden mantener las normas de seguridad, es necesario que los centros de Primaria empiecen a funcionar.

Se debería empezar en verano, porque es cuando la probabilidad de contagio es más baja, solo en unos cuantos centros, primero con alumnos y profesores que sean inmunes y continuar luego con el resto de forma gradual. Éstos, hasta que no se hayan hecho el test de anticuerpos, deberían utilizar siempre mascarillas y guantes y mantener los dos metros de distancia en el aula y en el patio, para lo cual se podría utilizar el gimnasio, el salón de actos e incluso las aulas de ESO y de Bachillerato que, como se indica a continuación, estarían disponibles. Al  llegar el alumno a la escuela, se le debería controlar la temperatura y pedirle que se lave las manos con agua y jabón o con gel hidroalcohólico. El material personal de cada alumno, como libros, libretas y lápices, no se debería compartir con otros alumnos. Además, se debería facilitar material de protección al profesorado y de repuesto para los alumnos a los que accidentalmente se les pudiera romper.

Se debería empezar en verano, porque es cuando la probabilidad de contagio es más baja, solo en unos cuantos centros, primero con alumnos y profesores que sean inmunes

En la ESO y el Bachillerato como los alumnos ya tienen una edad en la que pueden estar solos en casa, a partir de septiembre seguirían recibiendo la enseñanza de forma telemática. El motivo es que aunque esta modalidad es peor que la presencial, evita el riesgo de contagio. A medida que haya suficientes alumnos y profesores que den positivos en el test de anticuerpos, es decir que sean inmunes, ya se podrían iniciar las clases presenciales con toda normalidad.

En la ESO y en el Bachillerato lo más importante no es que la enseñanza sea presencial, sino recuperar el criterio de que para promocionar de curso es necesario aprobar las asignaturas y que para ello es necesario haber hecho las tareas establecidas y demostrar los conocimientos adquiridos mediante evaluaciones telemáticas, exámenes orales o mediante pruebas presenciales puntuales, para lo cual se abrirían los centros y se pedirían las conocidas medidas de prevención.

La transición hasta una situación de inmunidad de grupo, es decir de aproximadamente un 70% de ciudadanos inmunes, que actualmente se observa como el primer objetivo a conseguir, ha de ser un proceso lento y prudente que debe iniciarse cuanto antes mejor.

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Comentarios
  1. Ferran Barri
    18 de mayo de 2020 15:04

    Excelente análisis de la situación y muy buenas propuestas didácticas.

  2. Isidro Cabello Hernandorena
    18 de mayo de 2020 16:05

    El artículo está escrito por un profesor de Ciencias, un biólogo con mucha experiencia docente e investigadora, eso es lo que se nota al leer el artículo. Por ello, bases científicas -hasta lo que se puede saber en el presente sobre la enfermedad-; criterios sociales para encuadrar el problema, y luego un aterrizaje pautado y razonado en la vuelta a la enseñanza y, en su caso, a las aulas. Se combinan varios criterios: edad en años y mentes del alumnado; disponibilidad de las familias; tasas de inmunidad adquirida; combinación en diversos porcentajes de la enseñanza presencial y digital; escalonamiento de la incorporación a las aulas….
    Un plan, pues, con cabeza, para toda la enseñanza obligatoria y Bachillerato. Una excelente propuesta de una mente de científico y profesor, perfectamente aplicable como líneas generales y También concretas.
    Lo fundamental de la enseñanza, sean cuales sean las circunstancias, es que los alumnos aprendan el máximo -lo demás, se da por descontado o no es tan pertinente.

  3. María José Ibáñez
    18 de mayo de 2020 16:55

    Como profesora de ESO y Bachillerato, pienso que aunque las clases sean a distancia, el alumnado pueda ejercitar su autonomía, estudiando las lecciones y realizando actividades didácticas que lo posibiliten. Ese trabajo personal, le puede incluso beneficiar. Me parece muy bien, que como dice Antonio Jimeno, la presencialudad se límite a los exámenes, en caso de que no superamos suficientemente está pandemia.

  4. Rafael Martinez Carrascosa
    20 de mayo de 2020 11:22

    Estoy de acuerdo con la tesis:
    Se debería empezar en verano, porque es cuando la probabilidad de contagio es más baja, solo en unos cuantos centros, primero con alumnos y profesores que sean inmunes.