Joan Carles Mèlich: "El SIDA introdujo la Educación sexual y el coronavirus debe servir para educar en la finitud"

La pandemia tiene que ser un punto de inflexión para "empezar a educar en una pedagogía de lo incierto y de la finitud", que son "lagunas del sistema educativo y de la sociedad occidental", según el profesor de Antropología y Filosofía de la Educación en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Joan Carles Mèlich.
Carme PicartJueves, 18 de junio de 2020
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Joan Carles Mèlich. © SERGIO PÉREZ/ARCADIA EDITORIAL

En esta entrevista, el especialista en Antropología de la Educación ha observado el alcance “suficientemente amplio y profundo de la actual pandemia para tratarla desde el punto de vista pedagógico” e “iniciar un proceso de reflexión sobre la muerte y la condición humana utilizando los recursos adecuados a cada etapa”. Para ello, Joan Carles Mèlich ha propuesto que “los mensajes de fragilidad, precariedad y finitud que nos deja la pandemia se aborden desde el arte, el cine o la literatura” y “no nos limitemos a estudiarla con datos científicos”.

En este sentido, el profesor ha recurrido a establecer paralelismos con la obra La Peste, de Albert Camus, donde se cuenta la historia de unos doctores que descubren el sentido de la solidaridad en su labor humanitaria, para observar que “las relaciones humanas son, a lo largo de la historia, una constante”.

“La aceptación del sentido de la culpa y la necesaria autocrítica” son otros legados de la pandemia que “podemos enseñar recordando cómo los griegos culpaban a los bárbaros de sus desgracias y problemas”, ha añadido Joan Carles Mèlich. Como en la Grecia Clásica, “nosotros buscamos culpables externos, que en este caso visualizamos en los chinos o la Organización Mundial de la Salud”, en una “manifiesta incapacidad de reconocer que quizás con nuestras conductas hemos favorecido también la aparición del virus que ha provocado la pandemia”, ha señalado el profesor.

La aceptación del sentido de la culpa y la necesaria autocrítica son otros legados de la pandemia que podemos enseñar recordando cómo los griegos culpaban a los bárbaros de sus desgracias y problemas

Para aproximarnos al concepto de finitud, Joan Carles Mèlich propone la observación y análisis del cuadro Triunfo de la muerte, de Pieter Bruegel, “una antología sobre otra pandemia, la peste negra, donde la muerte es una constante y se refleja en imágenes como las agujas de un reloj en forma de esqueleto humano o en numerosos niños fallecidos”.

La pandemia ha significado el fallecimiento de muchas personas, “cuando nosotros nos hemos acostumbrado a silenciar la muerte”, ya que los avances científicos y tecnológicos en el primer mundo “son tan potentes que nos han hecho olvidarla”, ha subrayado el filósofo. Hasta el siglo XX, la mortalidad infantil “era tan elevada que todas las familias habían visto morir a alguno de sus pequeños”, pero ahora “gracias a los grandes avances médicos, la mortalidad en niños se ha reducido tanto que atribuimos a un fracaso de la ciencia y de la medicina cualquier muerte infantil”, lo que “no deja de ser una triste falta de aceptación de nuestras limitaciones y de la finitud”, ha remachado Joan Carles Mèlich

Al primer mundo “le falta conciencia de la finitud”, por lo que “sufrimos la muerte siempre como una tragedia”, cuando “es tan natural como la vida”, ha reflexionado el filósofo.

La pandemia ha significado el fallecimiento de muchas personas, cuando nosotros nos hemos acostumbrado a silenciar la muerte

Otro de los recursos que ha propuesto el profesor para educar en el concepto de finitud desde la pandemia es la película Contagio, de Steven Soderbergh, porque relata una epidemia similar a la de la Covid-19, aunque en un sentido más profundo ha recurrido al análisis de El Séptimo Sello, de Ingmar Bergmann, por su “búsqueda de respuestas a las preguntas clave de la vida”.

El profesor se ha referido también a enseñar la “gran intuición pedagógica de Montaigne, que en el siglo XVI propugnaba que preparar para la muerte es formar para la vida y para la libertad”, porque “quizás el virus acabe, pero la muerte no lo hará”.

Desde la literatura, ha propuesto analizar la pandemia y el sentido de la muerte a partir de la Odisea, de Homero; y de Muerte en Venecia, de Thomas Mann, un libro entre la belleza y la enfermedad enmarcado en una ciudad que se hunde poco a poco y sufre una epidemia de cólera.

Desde la literatura, ha propuesto analizar la pandemia y el sentido de la muerte a partir de la Odisea, de Homero; y de Muerte en Venecia, de Thomas Mann

Del mismo modo que la aparición del SIDA, que es otra pandemia contemporánea, significó la introducción de la Educación sexual en los colegios, el coronavirus debe ser el punto para empezar a educar en una pedagogía de la finitud, “una cita educativa inaplazable” para “normalizar lo efímero y evitar traumas por la no aceptación de la muerte”, ha enfatizado el filósofo.

La actual sobreprotección de los niños y los jóvenes en el primer mundo ante la muerte es “un grave error que los desconcierta y los debilita” y un “equivocado mecanismo autoprotector para los adultos ante el sufrimiento del menor”, a quienes incluso “se esconde el fallecimiento de sus mascotas”, ha observado el filósofo, que ha apelado “a la vital importancia de sentir, con normalidad, que vamos a morir, para poder vivir con plena consciencia”.

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