La ideología del lenguaje inclusivo

Jesús Asensi
Profesor de Religión
1 de junio de 2020
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Algunos expertos opinan que, en el campo de la Educación, la igualdad es un derecho y que incluso está por encima del derecho a la libertad. Otros, en cambio, opinan que la igualdad es una ideología pues, como afirma Juan José Pérez Soba, profesor de Teología Pastoral del Instituto Juan Pablo II de Roma: “La ideología no intenta ver las razones del otro, se impone. Por eso excluyen al que tiene una opinión distinta”. Y del mismo parecer es Inger Enkvist que, en su último libro Controversias educativas, comenta que “muchas veces no sirve de nada contestar a un ideólogo, porque no está dispuesto a razonar, sino que quiere imponer su criterio”. Por eso podríamos deducir que, si toda ideología se impone y con sus ideólogos es imposible conversar, la igualdad es una ideología, pues se está imponiendo en nuestro sistema educativo dejando a un lado el sentido común y sin consenso alguno.

Ahí tenemos esas “comisiones de igualdad” que han aflorado en los centros educativos y que se encargan, entre otras cosas, de revisar que en ningún documento se utilice el lenguaje sexista. O sea, que se esfuerzan en contravenir la normativa de la Real Academia Española que afirma que el género masculino es un género no marcado cuando su utiliza con la intención de incluir a los dos sexos, el masculino y el femenino. Y así, por ejemplo, en las conversaciones de los grupos telefónicos escolares podemos encontrar preguntas como esta: “¿Las entradas del teatro de las niñas y de los niños cuestan lo mismo que las entradas de las maestras y de los maestros o las madres y los padres tendremos que pagar un poco más?”.

Ahí tenemos esas “comisiones de igualdad” que han aflorado en los centros educativos y que se encargan, entre otras cosas, de revisar que en ningún documento se utilice el lenguaje sexista

Y así, por ejemplo, dos de los tres miembros de un tribunal de una Defensa de Tesis Doctoral criticaron el uso sexista del lenguaje en la redacción de la tesis. Y es que ni una sola vez había utilizado el desdoble de género en sus casi cuatrocientas páginas. Pese a todo, a la nueva doctora, quizá por eso, le pusieron la máxima calificación.

Y así, por ejemplo, ya se incluye la utilización de lenguaje no sexista en las bases para la presentación de comunicaciones o conferencias en determinadas jornadas académicas y también “se anima” al profesorado de algunas universidades a utilizarlo en sus clases en todo momento, aunque resulte más que cansino para sus discentes.

Por eso, cuando uno pone sus ideas por encima de una norma superior, con la explícita intención de derogarla sin entablar un diálogo razonado, convierte esas ideas suyas en una ideología que, por pertenecer al ámbito particular y no universal, no merece convertirse ni en un derecho ni en un deber.

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