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CEIP “Lébor Alto”: la escuela rural reclama su espacio

Las familias de dos alumnas de 4º de Primaria piden que sus hijas sigan en su escuela rural este curso de pandemia, pero la Consejería establece que la escolarización en el centro acaba en 2º.
Redacción-comunidadesMartes, 22 de septiembre de 2020
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Los alumnos del CEIP “Lébor Alto” en una actividad en los bancales de almendros en una imagen de archivo.

Alba y Claudia sí quieren ir a clase este curso, pero quieren hacerlo en su centro de siempre, el CEIP “Lébor Alto” de Totana (Murcia). Sus familias han reclamado que su escolarización prosiga en este centro, una escuela rural donde también estudian sus hermanos pequeños, en lugar de tener que llevar a las niñas, de 4º de Primaria, a un centro urbano. Lo mismo reclamaron a final del curso pasado, junto con otra familia que finalmente se ha mudado a Totana, a cinco kilómetros.

Y la directora del centro, María Josefa Vivancos, les apoya, pues considera que las dos niñas deberían tener prioridad frente a otros alumnos nuevos. Sería una medida de carácter excepcional en tiempos de pandemia, dado que la escolarización en el CEIP finalizaba en 3º hasta el curso pasado, explica Miriam Andreo, una de las madres.

Sin embargo, desde la Consejería no solo se ha denegado prologar este curso la escolarización hasta 4º sino que se ha suprimido también 3º. De esta forma, el CEIP, que hasta 2013 finalizaba en 6º de Primaria, este curso solo abarca hasta 2º.

Lo hace en un contexto en que otras administraciones han apostado por lo rural. Es el caso de Aragón, donde este curso hay 38 escuelas rurales con entre tres y seis alumnos porque las familias y el ayuntamiento han sido favorables a mantenerlas abiertas y el alumnado en el rural ha pasado de 8.196 a 8.219. También de Castilla y León, donde 43 centros funcionan este curso con tres o cuatro alumnos, tres más que en el curso 2018-19. Mientras, en Murcia hay 1.500 alumnos en total en la escuela rural, 1.100 en Centros Rurales Agrupados (CRA) y 500 en 22 centros educativos ubicados en localidades con pocos habitantes, como Lébor, con 600.

A las familias les duele que no se les haya permitido a sus hijas seguir con su trayectoria en un centro que desde 2017 cuenta con un proyecto innovador propio basado en metodologías vivenciales y activas que atrae a cada vez más alumnos del entorno.
En la actualidad son 26 alumnos, dos de tres años, 10 de cuatro, siete de cinco, tres de 1º de Primaria y cuatro de 2º de Primaria. Les atienden tres maestros y, según explica la directora, la mayor parte del horario los alumnos de cinco años están con los de tres y cuatro aunque en determinados periodos están agrupados con los de Primaria. Vivancos asegura que, según la normativa, podrían llegar a tener hasta 32 alumnos.

60 años de historia

Miriam Andreo insiste en que sumar dos alumnas más se podría hacer a coste cero, sin más espacios ni docentes. Sin embargo, la última noticia que tienen es que deben escolarizarlas en otro centro o se abrirá el protocolo de absentismo. “Creemos que es mejor que nuestras hijas sigan en un colegio con 26 alumnos que en uno con 200, queremos que se tenga en cuenta la actual situación sanitaria y no renunciamos a recuperar el segundo tramo de Primaria completo en un centro con cada vez más demanda”, proclama Miriam, que subraya las muchas posibilidades del entorno de la escuela para realizar actividades al aire libre.

De momento, siguen a la espera de saber si la que fuera la casa del maestro, convertida en escuela unitaria hace cerca de 60 años, acogerá a sus hijas o si sigue la senda emprendida en 2013 como centro incompleto “condenado a morir de muerte natural”.

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