Bloqueo educativo legislativo

Jesús Asensi
Profesor de Religión
21 de septiembre de 2020
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Su maestra ya no sabe qué hacer con él, aunque tan solo tiene 4 años. Desde que empezó el curso, hace ahora tres semanas, no ha habido día que no se haya orinado encima y no porque tenga algún problema de esfínteres. Él es el rey de su casa y también quiere sentir ese mismo poder en la escuela. A tan corta edad ya es sabedor de cómo puede tener el control de la clase y de su casa. La cosa es bien sencilla: hacer oídos sordos a todas las indicaciones de su maestra y mojar el pantalón, varias veces a lo largo de la mañana si puede ser, para que su madre acuda rauda y veloz en su servicio con ropa de repuesto.

Sus maestras ya no saben qué hacer con él, aunque tan solo tiene 8 años. Desde que empezó el curso, hace ahora tres semanas, no ha habido día que no se haya quitado la mascarilla o acercado a sus compañeros en demasía. Él también es el rey de su casa, aunque sabe que ha de compartir ese reino con su hermano pequeño.

Sus maestras sabían que no quedaba otra y llamaron a la madre para que se personase en el colegio y tuviera una entrevista con los miembros del equipo directivo. Sus hijos, tras seis meses sin estar escolarizados por culpa del confinamiento, estaban asilvestrados y eran incapaces de cumplir una sola norma.

Y allí que fue la madre de las criaturas y su pareja a hablar con los directores para ver qué se podía hacer para que sus hijos fueran capaces de reconocer la autoridad que se presupone a toda persona adulta encargada de su educación. Seguro que los directivos hubieran hablado acerca de su situación familiar si los niños fueran huérfanos de padre o de madre, adoptados o si se acabara de morir alguno de sus abuelos. Pero resulta que existe una ley de ideología de género que indica que todas las uniones, sin importar el sexo de sus miembros, son fantásticas, deseables y lícitas. Una Ley que convierte en derecho el deseo que algunas personas tienen de criar a un hijo y que anula, al mismo tiempo, el derecho natural que todo niño posee de tener un padre y una madre.

La entrevista siguió el protocolo de lo políticamente correcto. Por eso no se habló para nada de la ausencia en ese hogar del rol de una figura paterna ni de la necesidad que estos dos niños pudieran tener de disponer de un referente masculino en su vida familiar. El problema es que cuando en nuestra vida la verdad brilla por su ausencia, lo más normal es que las cosas vayan de mal en peor. Y si no, tiempo al tiempo… que ojalá que no.

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