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Tian Gombau: “Conforme cambiamos la talla de nuestros zapatos, crecemos también espiritualmente”

Con su obra ‘Zapatos nuevos’, Gombau no solo ha ganado el Premio Max 2020, sino que ha logrado conectar con menores y con adultos a través de una metáfora sobre la vida.
Manuel CarmonaMartes, 6 de octubre de 2020
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Gombau considera el Premio Max “un plus para una compañía pequeña como la nuestra”.

La compañía L’Home Dibuixat ha recibido el Premio Max 2020 por su obra Zapatos nuevos como mejor espectáculo teatral infantil, juvenil y familiar. Entrevistamos a Tian Gombau, creador de esta pieza y director junto a Jordi Palet, que nos cuenta cómo surgió la idea de la obra; la conexión con el público de menores y adultos a lo largo de sus ya numerosas representaciones por toda España y Europa; las perspectivas que se les abren de nuevas representaciones tras el Max; o las dificultades que hay hoy para que el teatro profesional salga adelante como merece.

¿Qué supone la concesión del Premio Max a vuestra obra Zapatos nuevos?
—Los premios son un reconocimiento a un trabajo bien hecho y esperamos que este sea el motivo de haberlo recibido. Estamos contentísimos porque es un plus para una compañía pequeña como la nuestra, con un espectáculo pequeño dirigido a la pequeña infancia y de teatro de objeto. No somos una compañía de gran formato, con grandes escenarios ni grandes actores, o grandes diseños e iluminación, por eso es un gran reconocimiento.

¿Cómo describirías el ambiente del Teatro Cervantes durante la entrega de los Premios Max?
—Había mucha ilusión porque se anuló para finales de junio que era la fecha prevista, y se ha podido celebrar en septiembre haciéndola coincidir con el arranque de la temporada teatral 2020-21. Ha sido también una forma de decir que podemos abrir los teatros, llenarlos con las medidas sanitarias que se requieren y que la cultura es más necesaria que nunca.

¿En qué ciudades habéis representado Zapatos nuevos, y en que otras urbes tenéis ya confirmadas nuevas representaciones?
—Se estrenó en Vinaroz (Castellón) porque de ahí sale la tradición a partir de la cual creamos el espectáculo, y ha estado en Castellón, Almazora, Benicassim… El año pasado estuvo en la feria teatral de Gijón donde ganó el Premio al Mejor Espectáculo en Pequeño Formato. Ha estado también la Feria de Títeres de Lleida donde ganó el Premio a la Mejor Escenografía. Y también se ha presentado en Francia, en México y en Siberia (Rusia) en la ciudad de Omsk donde recibió el Premio del Jurado Profesional. Pero el arranque fuerte de representaciones empieza con esta temporada: Castellón, Cataluña, y desde allí saltamos a otros países en festivales de Francia, Suiza, Italia, Bélgica, Alemania y Honduras.

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El sentido es mostrar cómo las personas crecemos a partir de las experiencias de vida: de los batacazos, de los disgustos, de las alegrías...

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En Zapatos nuevos, el niño que estrena zapatos va descubriendo el mundo, sus paisajes y personajes. ¿Qué piensa y siente a lo largo de su viaje?
—Cuando sale del pueblo y se dirige al río tiene que cruzar varias calles, donde se encuentra con algunos vecinos como el Sr. Tocho que es un hombre con un carácter bastante agrio. Se encuentra también con el músico Carles Santos con el que pasea en barco. Carles Santos, que era de Vinaroz, tenía una barca e invita al niño a montar y dar un paseo, pero con un mar y unas olas creadas por las teclas de un piano –lo cual resulta muy peculiar–. Eso es un pequeño homenaje a este músico que es un auténtico referente a nivel nacional e internacional. Y luego el niño deja el pueblo, y en el camino del río donde va a merendar su pastelito, se encuentra con la naturaleza donde vivirá peligros y aventuras, con la intención de crecer. El sentido de esto es mostrar cómo las personas crecemos a partir de las experiencias de vida: de los batacazos, de los disgustos, de las alegrías… Crecemos a nivel mental y emocional, en definitiva como personas.

Zapatos nuevos lo podéis representar en español, italiano, inglés, catalán, euskera o francés. ¿Qué dificultad supone montar y representarlo en diferentes lenguas?
—Más que dificultad es un esfuerzo, primero de encontrar a una persona que te haga una buena traducción y luego ponerte a estudiar, a memorizar el texto, y a ensayarlo. En los ensayos nos obliga a adaptar el ritmo y la extensión del texto a lo que es la partitura del espectáculo. Hay idiomas que son más fáciles de aprender, y otros que resultan más difíciles como es el caso del euskera. Es un ejercicio que me gusta hacer porque cuando viajamos a otros países para representar obras para adultos, podemos trabajar con los subtítulos, pero para la franja de 3 a 6 años los niños no saben todavía leer. Esto te obliga a aprenderte el texto o bien a hacer la traducción consecutiva, al haber poco texto normalmente en nuestras obras, se puede oír en off esta traducción sin problema.

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Cada persona es diferente porque vive su vida de forma distinta a los otros. Tenemos que ser permeables para caminar como los niños libres de prejuicios

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¿Cómo conectan los niños, los adolescentes y las familias que van a ver la obra con el personaje de Zapatos nuevos y la trama?
—Conectan muy bien porque el personaje central, Cachivache, genera interés en los espectadores. Los niños se interesan por Cachivache y viven las aventuras y peripecias que le van ocurriendo a lo largo de la obra. Y para los adultos que los acompañan el espectáculo es una metáfora sobre la vida y el crecimiento personal. Conforme vamos cambiando la talla de los zapatos crecemos no solo física sino también espiritualmente. Es una metáfora que emociona a niños, jóvenes y adultos porque así nos lo expresan al terminar el espectáculo.

¿Qué capacidad tiene esta obra para concienciar sobre la necesidad de volver a tener una mirada libre de prejuicios?
—El espectáculo propone un viaje y un camino como nos enseñó Machado. Caminando y viviendo el día a día libres de prejuicios es cuando nos empapamos de la vida. La propia vida nos ofrece las experiencias y vivencias que nos van formando. Cada persona es diferente porque la vive de una forma distinta a los otros. Ser permeables para caminar como los niños libres de prejuicios y con su capacidad para sorprendernos.

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Los niños no son el público del futuro sino del presente. De este viaje por el teatro también depende su crecimiento personal

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¿Qué vínculos tiene Zapatos nuevos con la cultura titiritera del resto de Europa?
—En este espectáculo no trabajamos con los materiales habituales de los títeres como los guantes o hilos, sino que trabajamos con el teatro de objetos. Por ejemplo, una caja de zapatos con unas pequeñas varas de madera que son sus piernas y los zapatos, ese objeto adquiere vida, y respira y tiene emociones. Esto nos emparenta con el arte contemporáneo que de alguna manera influyó en los años 60 en todo el teatro centroeuropeo para integrar esta estética de las artes plásticas con el teatro de objeto o de títeres.

¿Sobre qué tema quieres hablar que no hayamos conversado?
—Me gustaría romper una lanza por el teatro de objetos para niños porque a veces la sociedad o la propia profesión de las artes escénicas no los valoran como a los espectáculos para adultos, y creo que es un error. Sé que somos un buen número de compañías en España y en el resto del mundo que trabajamos duro para crear obras para niños y en las que se utilizan los objetos, e invertimos la misma ilusión, el mismo trabajo y esfuerzo, dinero, para que el resultado sea bueno. Hemos de tener en cuenta que los niños y niñas no son el público del futuro sino del presente. De este viaje por el teatro también depende su crecimiento personal.

En ‘Zapatos nuevos’, la compañía trabaja con el teatro de objetos.

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