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A pesar de todo...

Jorge Burgueño
Escritor y maestro
28 de diciembre de 2020
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Parece que por fin termina este ‘maldito’ año 2020. Prácticamente todo el mundo coincide en que ha sido un auténtico annus horribilis. Sin embargo, también hemos visto que el ser humano, a pesar de ser capaz de lo peor, también tiene la voluntad para sacar fuerzas de flaqueza y aprender de situaciones límite o emprender iniciativas solidarias y desinteresadas.

Las pantallas no sustituyen las miradas ni los gestos, ni los silencios, ni es posible transmitir de igual manera la pasión que nos produce el contenido que explicamos. Todo ello nos ha hecho apreciar más lo que teníamos antes –¡qué verdad es aquello de que uno no sabe bien el valor de lo que tiene hasta que lo pierde!–. A pesar de la preexistencia de cursos online o de la educación a distancia, la presencialidad nunca se había relegado tanto. Quizá, ahora más que nunca, cotiza al alza la figura del docente.

Algo que, sin duda, hemos aprendido a valorar, es la presencia. La inmensa mayoría de mis alumnos de grado así lo manifestaban en las reflexiones que les pedimos desde la Universidad tras la asistencia a sus prácticas. Casi todos comenzaban sus escritos con sincero agradecimiento por haber podido acudir a los centros de prácticas para poder seguir aprendiendo y desarrollando sus actividades como futuros docentes.

A pesar de todo… decir sí a la vida, titula el padre de la logoterapia, Viktor Frankl, una de sus obras. Sus palabras deberían tener mayor vigencia que nunca en situaciones críticas como la que estamos viviendo: “Decir sí a la vida no solo es algo con plenitud de sentido en cualquier circunstancia –la vida es exactamente lo mismo–, sino también algo posible con plenitud de sentido en cualesquiera circunstancias”.

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