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Alarmismo

Rafael Guijarro
Periodista
12 de enero de 2021
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Vivir en un perpetuo estado de alarma tiene sus consecuencias. La alarma es una señal de aviso acerca de un peligro próximo. Es una acción, normalmente sonora, y normalmente breve. Cuando ya estás al tanto de un suceso extraordinario, no hace falta, normalmente, que te lo repitan una y otra vez, porque entonces sientes que no es tan inminente, y que tal vez no sea tan próximo. Alarmar es algo que hay que hacer con cuidado, porque causa preocupación, intranquilidad o terror. El diccionario dice que es “asustar, sobresaltar o inquietar”.

Si consigues alarmar, lo primero que haces es meter miedo. La gente se asusta y obedece a ciegas a lo que le digas para sobreponerse a ese peligro inminente. Pero si pasa el tiempo y tu sigues alarmando y alarmando, lo que consigues es que la gente no se lo crea.

No es posible vivir permanentemente con el miedo metido en el cuerpo. O te enfermas y te da una paranoia, o te empieza a importar todo un comino. Estamos ya en esa situación prorrogada hasta mayo, sin soluciones reales auténticas, sino, más bien, impostadas, a la espera de que aparezcan soluciones verdaderas y llama mucho la atención que dependamos tanto de algo que no podemos controlar.

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