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Lo que nuestro currículum necesita no es un cambio, sino una revolución

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Lo que necesita nuestro sistema educativo no es enseñar más, sino que el aprendizaje sea mejor. © EMOJOEZ

La derecha española ha visto amenazados sus intereses económicos y de poder ideológico con la nueva ley educativa. Nos ha entretenido estas semanas bajo el foco de los medios, poniendo en agenda falsos debates. Han levantado a familias y alumnado contra el Gobierno con malintencionadas interpretaciones y apocalípticos mensajes, para defender los enormes intereses económicos de la patronal de la enseñanza privada-concertada y su posición de poder ideológico en nuestro país.

La educación vuelve a ser un arma ideológica para crispar a la sociedad. No olvidemos que la ley Celaá devuelve a la enseñanza concertada a la posición que ocupaba antes de la Lomce, pero sin cuestionar sus ya amplios privilegios.

Todo este ruido mediático ha impedido que se hable de lo importante y se debata, en profundidad, sobre aquellos cambios que necesita nuestro sistema educativo para colaborar en el desarrollo de una sociedad que presenta nuevos retos y complejidades. Nos gustaría poder reflexionar colectivamente sobre lo que significa educar en el siglo XXI y cómo nuestra escuela debe responder para formar a la gente del mañana, sin olvidar la vivencia del presente. Ese es y será el verdadero debate. Complejo, pero absolutamente necesario.

Lo que necesita nuestro sistema educativo no es enseñar más, sino que el aprendizaje sea mejor. Nos encontramos con un currículum que tiene una estructura y contenidos basados en enfoques de otro tiempo. Seguir ampliando la lista de contenidos y multiplicando el número de asignaturas, con el fin de que el alumnado lo asimile en toda su extensión, casi siempre de forma memorística, resulta contraproducente para generar aprendizajes.

El ”capitalismo cognitivo” no quiere renunciar al control de ciertos conocimientos ni a la prioridad de unas disciplinas frente a otras, que son y han sido, la base de la educación hasta aquí, regida por principios neoliberales. La actual estructura curricular muestra carencias importantes en equidad e igualdad de oportunidades, con un enfoque competitivo e individualista, que utiliza una evaluación culpabilizadora y que expulsa a los más vulnerables del sistema, lo que se agrava con la ausencia de una metodología inclusiva y la falta de medios y recursos.

Hasta ahora, las asignaturas, los libros de texto y los exámenes han sido los verdaderos estructuradores del currículum. Las disciplinas han sido el centro; la transmisión memorística y repetitiva, la metodología; las calificaciones y la repetición de curso, el modo de control. Debemos transformar todo ello para caminar hacia una pedagogía del éxito, de la inclusión y de la equidad. Las barreras las pone hoy el currículum establecido, no las personas.

Muchos colectivos sociales no se ven reflejados en los programas, ni su historia ni sus problemas lo cual constituye una verdadera “injusticia curricular”. Este desapego cultural se traduce en rechazo hacia la institución escolar, que poco responde a sus necesidades.

Tampoco se reconocen los conocimientos que son desarrollados fuera de la escuela y que se consideran marginales. Es hora de que la escuela se abra a una realidad social variada y compleja. No hacerlo impide establecer marcos amplios de colaboración escuela-sociedad-entorno para dotar a las personas de la habilidad de “aprender a aprender” a lo largo de su vida.
La mayoría de las actividades que realizarán nuestras alumnas y alumnos en el futuro aún no se conocen, ni se imaginan. Esto nos lleva a replantear su educación con parámetros diferentes.

El sistema educativo tiene que formar para analizar, abordar y dar solución a grandes crisis: climática, energética, política, multicultural, de géneros, humanitaria, etc. Necesitamos un planteamiento eco-social para un desarrollo sostenible y una nueva cultura de la Tierra. Personas preparadas para trabajar por proyectos, por grandes áreas de conocimiento relacionadas entre sí, para pasar del conocimiento micro-disciplinar al trans-disciplinar.

El currículum actual no sirve. Lo que necesita no es un cambio, sino una revolución que permita abrirlo a los problemas, necesidades y circunstancias presentes y futuras

Por todo lo señalado, el currículum actual no sirve. Lo que necesita no es un cambio, sino una revolución que permita abrirlo a los problemas, necesidades y circunstancias presentes y futuras. Repensarlo para dar peso al desarrollo de competencias en el alumnado. Entendiendo como competencias el conjunto de conocimientos, habilidades, destrezas, actitudes y valores que el alumnado debería desarrollar a lo largo de su vida. La competencia es un “desempeño”, para el cual los contenidos son solo una parte.

El alumnado tendrá que desarrollar competencias para vivir y desenvolverse en la sociedad de un mundo cambiante, lleno de incertidumbres, para el que es imposible prepararles con la escuela de hoy. Son necesarias competencias que permitan:

  • Actuar de forma consciente ante la masiva y apabullante información de hoy día en todos los aspectos de la vida, sabiendo diferenciar las fuentes, interpretarlas, argumentar, exponer, analizar de forma crítica.
  • Convivir y trabajar con los demás. Escuchar, dialogar, vivir el conflicto, llegar a consensos, respetar y poner en valor las diferencias. En definitiva, saber vivir con los principios democráticos.
  • Pensar de forma crítica, creativa y ética.
  • Investigar, establecer metas y buscar soluciones, para lo cual, más que certezas es necesario saber plantearse interrogantes.
  • Construir el conocimiento, aprender, trabajar y crear en equipo, de forma cooperativa.
  • Gestionar, desde el cuidado, la vida afectiva y la relación con los demás.
  • Conjugar la autonomía y la interdependencia.
  • El control del tiempo, la planificación y la gestión de las emociones.

¿Seremos capaces de estructurar el currículum de una forma más funcional? ¿Podremos modificar el marco tradicional de asignaturas agrupándolas por competencias? ¿Llegaremos a un crear ámbitos flexibles y ejes vertebradores de conocimiento para trabajar con grandes preguntas? ¿Conseguiremos que esas preguntas respeten y respondan a las necesidades de los y las estudiantes y que les suponga un reto motivador de aprendizaje? ¿Podremos reorganizar los centros escolares para que todo esto pueda ser posible?¿Articularemos el cambio necesario en la formación del profesorado?

Escuchémosles, escuchémosnos. Seguro que descubrimos caminos no andados. Consigamos nuevos modelos, vayamos a experimentadas pedagogías innovadoras que coexisten en nuestro entorno o en otros países; demos autonomía a los centros para la innovación; asesoremos y acompañémosles en ese camino. Investiguemos recopilando nuevas prácticas, evaluemos de otra forma, formemos a nuestro profesorado y démosles confianza y empoderamiento, dignificando la labor docente.

Indaguemos y avancemos en co-docencia, en flexibilidad curricular y autonomía. Liberemos y transformemos horarios y espacios porque el trabajo desde ahora debe ser grupal, cooperativo, con otros medios, con otros agrupamientos, con otros ejes y preguntas para aprender mejor.

El enfoque competencial, alrededor de proyectos que generen conciencia crítica, es una solución a un problema antiguo y responde a las necesidades de un mundo nuevo, complejo e incierto. Hagámoslo posible, caminemos hacia una educación con sentido, participativa y transformadora.

Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (MCEP)

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Comentarios
  1. Ramon Àvalos
    17 de febrero de 2021 08:35

    Lo que aquí plantea el MCEP no es más que una amalgama, un totum revolutum de conceptos bien sonantes y «modernos» pero lamentablemente vacíos. Desde errores de bulto y perspectiva, como afirmar que «hasta aquí» la escuela se ha basado en principios neoliberales, cuando la realidad es que durante décadas ha podido funcionar como el único motor del ascensor social, hoy tristemente desaparecido, averiado por el desastre de las competencias, esas si, verdadera cuña del neoliberalismo postmoderno que se intenta imponer en educación, hasta mezclar en un mismo saco el currículum y la equidad, como si tuvieran algo que ver entre sí, cosa que tan solo se puede comprender desde la perspectiva de igualar por abajo; cortemos las piernas a todos y así no habrá nadie que quede rezagado en la carrera. Lamentable que ideas tan retrógradas y reaccionarias puedan llegar a imponerse entre el profesorado disfrazadas de buenismo progresista. Esperemos, por el bien de la educación y de la sociedad que fracasen en sus propósitos.