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Mamen Jiménez: "La Educación sexual protege de posibles abusos y riesgos"

Jiménez da herramientas para abordar la sexualidad infantil y conseguir que los más pequeños tomen decisiones saludables y se respeten a sí mismos y a los demás.
Alba BartoloméMartes, 13 de abril de 2021
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Jiménez, conocida en redes sociales como "la psicomami", aborda en su nuevo libro, 'Yo te lo explico', la sexualidad infantil. © M.J.

En su nuevo libro, Yo te lo explico, Mamen Jiménez, psicóloga, terapeuta de pareja y sexóloga, presenta una guía para todos aquellos que quieran abordar la sexualidad infantil y responder al qué, cómo, cuándo y dónde hablar del tema con los más pequeños para que crezcan sanos y felices.

Sexualidad y Educación afectivo-sexual son términos distintos, ¿en qué consiste cada uno?
— Solemos asociar la sexualidad con el sexo, pero es un área del desarrollo humano complejísima y maravillosa que incluye los afectos, la imagen propia y la forma de relacionarnos con los demás. Los seres humanos somos seres sexuados desde que nacemos porque exploramos, sentimos y vivimos el mundo a través de nuestro cuerpo, de las sensaciones que nos produce y de lo que con él hacemos. La Educación afectivo-sexual, que bien podría llamarse solo sexual porque los afectos ya están dentro del concepto de sexualidad, es abordar, siempre basándonos en información con evidencia científica y adaptando los contenidos a la edad, todos los aspectos de la sexualidad que contribuyen a que una persona crezca y se desarrolle de un modo saludable y seguro.

¿Cómo es la sexualidad en edades tempranas?
— La sexualidad infantil, a diferencia de la adulta, es autoérotica y egocéntrica, es decir, no hay fantasías ni excitación por otra persona. Se basa en la exploración y el autoconocimiento, lo que les permite saber quiénes son y cómo son sus cuerpos, “investigan” las sensaciones. Los significados adultos empiezan a aparecer más adelante a medida que se va produciendo su desarrollo cognitivo y físico, cuando llegan a la pubertad.

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La sexualidad infantil, a diferencia de la adulta, es autoerótica y egocéntrica, de autoconocimiento

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¿Existe un tabú en torno a la sexualidad de los más pequeños?
— Cuesta hablar de estos temas, pero cada vez son más las familias y los profesionales que se cuestionan precisamente el modo en que se han abordado, o no abordado, de manera tradicional y buscan información para hacerlo de otro modo con las nuevas generaciones.

¿Por qué cuesta tanto?
— Precisamente porque tenemos una visión adulta de la sexualidad, pensamos en sexo, en porno, en aspectos que por supuesto no pertenecen, ni han de estar presentes, en la vida de los niños. Entender que la sexualidad es una parcela más del desarrollo infantil, que está ahí hablemos o no hablemos de ello y que, por lo tanto, es mejor tratarlo de un modo consciente y con información de calidad, es la clave para romper ese tabú. De la misma forma que hablamos de cuándo es seguro cruzar la calle o de la higiene, ¿por qué íbamos a dejar sin tratar toda esta área del desarrollo de una persona?

¿De qué forma influye que se trate con naturalidad este tema en casa y en la escuela?
— Una buena Educación afectivo-sexual, tanto en casa como en los centros educativos, no solo no hace, como temen muchos, que “hagan más cosas y las hagan antes”, sino todo lo contrario. Es precisamente la falta de este tipo de Educación la que se liga con un inicio más temprano en las relaciones sexuales, más encuentros de riesgo y, por tanto, más infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados y una transición de la infancia a la pubertad más complicada.

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Debemos responder a las preguntas de los niños para transmitir que no es un tema tabú, ni algo negativo

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¿Están preparados los docentes para transmitir estos conceptos?
— Poco a poco la formación de los nuevos profesionales va incluyendo estos temas, lo cual unido a que socialmente ya se va reconociendo la importancia de su abordaje hace que las cosas vayan cambiando. La OMS reconoce la necesidad de una Educación sexual en los centros, y de hecho la declara como un derecho. Sin embargo, lo cierto es que a día de hoy sigue costando y haría falta más formación para que sepan identificar las conductas sexuales que aparecen en la edad temprana y gestionarlas, no solo con los niños, sino también con las familias, que a veces resulta lo más complicado. Enseñar a no juzgar ni censurar.

¿Cómo deben hacerlo?
— La sexualidad es un tema transversal que surge en el aula, en las interacciones entre los alumnos y en cómo se tratan. Es algo normal que los docentes deben tratar con naturalidad. No castigar e intentar responder siempre que nos pregunten, no dar una respuesta clara transmite el mensaje de que se trata de algo tabú, negativo o sucio, ofreciendo información de calidad basada en lo que sabemos que es adecuado para cada edad.

¿Cómo identificar si un alumno sufre abusos sexuales?
— En muchas ocasiones es difícil de detectar, por lo que ante la más mínima duda debemos ponernos en marcha. Los cambios bruscos en la conducta, agresividad o introversión, el dolor en la zona abdominal sin causa médica, los hematomas en la cara interior de los muslos o las conductas sexuales impropias son algunas de las señales que han de llevarnos a ocuparnos. Hay centros en los que además de abordar la sexualidad como tema transversal en el currículo y con ello tocar tangencialmente la prevención de abusos, tienen talleres específicos para los alumnos o formaciones para las familias.

¿Considera importante tener el respaldo de las familias para tratar temas de sexualidad?
— Lo más importante es que se entienda, de verdad, qué es la Educación afectivo-sexual y cómo es la sexualidad infantil porque, entonces, todos estaremos de acuerdo en que abordarlo con nuestros peques es necesario y deseable. La negativa a tratar estos temas puede tener su origen en una visión adulta de la sexualidad, en pensar que lo que se les explica son posturas sexuales, por ejemplo. Sin embargo, la Educación sexual es darle herramientas a las niñas y niños para que tomen decisiones saludables, protegerles de posibles abusos, ayudarles a que tengan una buena relación con su cuerpo, que se quieran y se respeten a sí mismos, entre otras muchas cosas. Y en eso, creo, estamos todos de acuerdo.

¿Qué le diría a los docentes que se esfuerzan por transmitir estos conocimientos?
— Les daría las gracias y la enhorabuena, como profesional y como madre, por arriesgarse y dejarse la piel. Además, les animaría a seguir formándose al respecto porque la información de calidad y con evidencia es lo que hace que podamos abordar las cosas con la tranquilidad de que lo estamos haciendo lo mejor posible.

Responder preguntas

  • Lenguaje sencillo y directo. Cuando damos respuestas muy largas llega un momento en el que los más pequeños desconectan. No debemos usar un tono formal o «de charla», sino natural.
  • Respeto. Aunque la pregunta parezca graciosa, «no debemos reírnos para no ridiculizar al niño o niña y que vuelva a acudir a nosotros en busca de respuestas».
  • Verdad. Debemos tener claro que contar la verdad, no es contarlo todo. Lo importante es saber «adaptar la verdad a lo que por edad puede procesar cada uno».
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