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La vacuna económica

Jesús Asensi
Profesor de Religión
20 de mayo de 2021
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Un comité de expertos y sabios se ha reunido para planificar el próximo curso escolar y, tras mucho deliberar, han llegado a la siguiente conclusión: todo va a seguir igual, incluidos los grupos burbuja. Bueno, todo menos la distancia de seguridad, que pasará del metro y medio actual al metro y veinte centímetros. Las mesas dentro de las aulas se acercarán un palmo más unas a otras. ¡Qué maravilla más maravillosa!

Más de uno se preguntará si alguien de ese grupo de expertos ha pisado una sola escuela durante el presente curso escolar. La respuesta es irrelevante, pues esa medida estrella para el próximo curso sólo tiene una explicación: las restricciones económicas. A los docentes y a los discentes les da la risa cuando oyen eso de reducir treinta centímetros la distancia entre pupitres, pero nuestros políticos, muy serios ellos, sí que han calculado el número de desdobles de aula que ya no van a hacer falta gracias a esta simple medida métrica y el ahorro que esto va a suponer para las mermadas arcas públicas.

Más de uno se preguntará si alguien de ese grupo de expertos ha pisado una sola escuela durante el presente curso escolar. La respuesta es irrelevante, pues esa medida estrella para el próximo curso sólo tiene una explicación: las restricciones económicas

Las mascarillas también harán acto de presencia en los centros escolares el próximo curso y eso que en algunas comunidades autónomas suponen un gasto extraordinario al dispensarlas de forma gratuita a todos los docentes. Y otra vez nos preguntamos si alguno de estos sabios ha visitado un colegio a lo largo de este curso que ya termina. Resulta que el desgaste psicológico es constante, sobre todo para esos maestros de los primeros cursos de Primaria que han de estar cada minuto del día encima de sus alumnos para que se pongan bien la dichosa mascarilla. ¿Para qué se han vacunado los docentes si todo va a seguir igual? ¿Cómo es posible que la única diferencia entre un curso sin vacunación y otro con la vacuna puesta sea esos treinta centímetros de distancia entre pupitres? ¿Para esto tanta insistencia en eso de que es preciso vacunarse porque se salvan vidas?

Alguno dirá que menos mal que se mantienen los grupos burbuja. Sí, aunque aquí también manda la economía. Y si no que se lo digan a esos pequeños centros escolares que, por indicaciones del inspector de turno, han despedido a unos cuantos monitores de comedor porque no daban los números. Y así, por reducir los gastos, esos grupos burbuja se han disuelto dentro de los comedores escolares y en las actividades extraescolares. Pero que no cunda el pánico… ¡los docentes y los monitores están ya vacunados!

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