fbpx

Neuromitos: lo que la investigación ha demostrado y lo que no

La neurociencia también es terreno abonado para bulos y falsas creencias, que empañan su rigor.
RedacciónMartes, 8 de junio de 2021
0

Las técnicas de neuroimagen son clave para corroborar muchos hallazgos. ©ROCKETCLIPS

El neuromito es lo que al periodismo un bulo o las fake news, es decir, una deformación deliberada de un hecho científico para aplicarlo, esperando algún tipo de rédito, en la Educación u otros ámbitos. Advierte la OCDE (autora de varios proyectos divulgativos sobre los neuromitos) que, cuando dicha distorsión alcanza los medios de comunicación y las publicaciones especializadas, tanto educadores como agentes sociales acaban por no distinguir los hechos de la “ficción”, calando así en la opinión pública y estableciéndose como criterio de muchas nuevas pedagogías y políticas educativas.

Para la maestra y doctora en Psicología Marta Ferrero, los neuromitos “más peligrosos” son aquellos que llevan aparejados una práctica, método o recurso concretos: “Por ejemplo, el famoso mito de que solamente usamos el 10% de cerebro ha hecho que proliferen diferentes programas de ‘gimnasia cerebral’, cuyo fin último es potenciar el aprendizaje y que, cuando menos, han supuesto y suponen una pérdida de tiempo y dinero para las escuelas que los adoptan”.

Lo suscribe el profesor y doctor en Biología David Bueno: “Si sobreestimulamos a los estudiantes para ‘despertar’ el otro supuesto 90%, nos arriesgamos a generar estrés, que sí es perjudicial. Además, usamos todo el cerebro, pero no todo simultáneamente. Estimular siempre es útil para activarlo, pero sobreestimular, jamás”, sentencia.

Estilos de aprendizaje

Otro de los neuromitos más extendidos que cita es el de los estilos de aprendizaje: “Si clasificamos a los alumnos por una supuesta mejora en estilos auditivos o visuales, les estamos quitando diversidad de aprendizaje y esto sí tiene consecuencias negativas”. En este sentido, se ha demostrado que no todos aprendemos igual, pero esto no implica que se deba agrupar a los alumnos según perfiles o etiquetas específicos. Tal y como Ferrero explica en Enseñando ciencia con ciencia, “lo que ayuda a determinar cómo enseñar es el tipo de contenido o habilidad que queremos enseñar, no los ‘estilos de aprendizaje’ de cada estudiante”.

El de aprendices de cerebro derecho y de cerebro izquierdo también figura en la lista de los mitos más arraigados. Es cierto que existe cierta especialización hemisférica para determinadas habilidades, pero las exploraciones cerebrales realizadas mediante técnicas de neuroimagen han demostrado que ambos hemisferios trabajan juntos en todas las tareas cognitivas.

El "nativo" digital

Otro de los más recientes, al calor de la digitalización, es el mito del nativo digital, amparado bajo la creencia de que los jóvenes que han nacido y crecido con la tecnología conocen y hacen un uso adecuado de la misma como herramienta de aprendizaje. Sin embargo, distintas investigaciones han demostrado que no aprenden solos y, como refiere Ferrero en la citada publicación, ni pueden hacer dos tareas simultáneas de forma suficiente (por ejemplo, atender a una explicación mientras navegan) ni usan la tecnología para fines más sofisticados que el resto de la población, como, por ejemplo, compartir su conocimiento en blogs o wikis.

Quizá el mito caído más famoso es el de Mozart: escucharlo no le hace a uno más inteligente. Se ha comprobado que mejora el razonamiento espaciotemporal (sobre todo, en adultos), pero nunca la inteligencia general.

Los mitos más 'virales'

  • Solo usamos el 10% del cerebro. La neurología clínica ha demostrado que, si solo usáramos el 10% de nuestro cerebro, estaríamos en estado vegetativo.
  • Existen aprendices de cerebro izquierdo y de cerebro derecho. Las exploraciones cerebrales realizadas mediante técnicas de neuroimagen han comprobado que ambos hemisferios trabajan juntos en todas las tareas cognitivas.
  • Escuchar a Mozart aumenta la inteligencia. Este mito surgió de un estudio polémico y tergiversado por la revista ‘Nature’. Posteriores investigaciones solo han encontrado mejoras (principalmente en población adulta) en el razonamiento espaciotemporal, nunca en la inteligencia general.
0
Comentarios