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“El cerebro en la infancia funciona como un labrador que quita las malas hierbas”

padresycolegios.comSábado, 1 de enero de 2022
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Según el profesor Tomás Ortiz Alonso, “el saber sí ocupa lugar, y mucho”. Únicamente hay que hacerse una radiografía del cerebro para darse cuenta de que todo en él es cuantificable y localizable, algo muy útil para la labor diaria en el aula.

“El hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”. Con esta frase de Ramón y Cajal empezó Tomás Ortiz la conferencia del pasado jueves 4 de marzo organizada por Acade en Madrid. Ortiz es doctor en Psicología y Medicina por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), donde dirige el Centro de Magnetoencefalografía de la Facultad de Medicina e investiga los procesos que conducen al hombre a hacer de la frase anterior una realidad. Para ello, dice, “lo que se necesita son unas redes neuronales bien organizadas, estructuradas e integradas, cuya construcción tiene lugar en la infancia y la adolescencia”.

Pregunta. En ese caso, ¿la Educación es la clave ?
Respuesta. Sí, por ello hay que ofrecer una Educación adecuada que mantenga los valores, acentúe el trabajo escolar y organice los tiempos de estudio, descanso, ejercicio y juego. De la misma manera que aprende más el cerebro que organiza mejor la información, no el que más estímulos recibe.

P. ¿Y eso cómo se consigue?
R. Mediante el conocimiento perceptivo frente al descriptivo, que es el que se suele dar en las aulas y hace que sepas cosas pero no que las sepas usar. El perceptivo se forma en las áreas ejecutivas del cerebro que toman decisiones, mientras que el descriptivo lo hace en las que acumulan información. El reto es que el niño aprenda para que tome decisiones sobre la información que acumula.

P. ¿Cómo se puede aprovechar en clase la neurociencia?
R. A través de la neurociencia se sabe que los procesos de aprendizaje son analizables a través del cerebro: cómo llega un estímulo, se analiza, se procesa, se integra con otras áreas y se ejecuta. Hay dos procesos a tener en cuenta por la escuela: la dendrogénesis y la mielogénesis. El primero se da sobre todo en la infancia y actúa con las neuronas eliminando la mala hierba para que crezca la simiente. En el segundo se crean los cables que conectan las neuronas y se da principalmente en la adolescencia. Es importante saber el cuándo para adaptar el tipo de actividades, y que se producen en momentos diferentes en chicas y chicos.

P. ¿Habría que ofrecer una Educación diferenciada?
R. Desde el punto de vista científico, sí. Por ejemplo, con la neuroimagen descubrimos dónde tenemos la actividad del lenguaje. Si nos hiciéramos una radiografía del cerebro, descubriríamos que la mayoría tiene más actividad en el hemisferio izquierdo que en el derecho, que las mujeres son más bilaterales y que hay personas que localizan el lenguaje en el hemisferio derecho más que en el izquierdo, siendo la dislexia una de sus consecuencias. La Educación debería ser diferente en función de cada caso.

P. ¿Es posible cambiar la actividad del cerebro del disléxico?
R. Sí, con un tratamiento psicopedagógico de seis meses que pasa la actividad del hemisferio derecho al izquierdo.

P. ¿Qué son los valores para un científico?
R. Un pilar básico en el desa-rrollo del cerebro. No tiene que ver con lo político o divino. Los valores son estrategias creadas en base a actitudes que han resultado exitosas a lo largo de la vida, llegando a ser adaptativas y útiles para organizar el cerebro. Según esta definición, la fuerza de voluntad es un valor para los científicos. Si pones a varios niños, das un caramelo y les dices que, si esperan, les darás más, habrá unos que lo hagan y otros que no. El que espera tiene un rendimiento mayor: muchos caramelos. Y eso es una conducta que se enseña y, por lo tanto, puede ser cambiada por la cultura, la familia, la política o la religión.

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