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Una verdad inhumana

Jesús Asensi
Profesor de Religión
17 de January de 2022
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Estaba leyendo el periódico mientras su hija de veinte meses se entretenía con sus juguetes. No se sabe si por curiosidad o por sentirse ignorada durante unos minutos, pero la cuestión es que la niña se colocó junto a su padre y empezó a observar las fotografías de las distintas noticias y anuncios publicitarios. En una de ellas aparecía un señor con barba y la pequeña, quizá para demostrar que entendía, se tocó su cara mientras decía “barba, barba”. Su padre, sin pensarlo siquiera, le dijo que no, que las chicas no tienen barba, que sólo la pueden tener los hombres. Se hizo el silencio tras pronunciar estas duras palabras y rápidamente miró a su alrededor, y también por la ventana, por si alguien había escuchado esta cruda verdad, que ya no es políticamente correcta, y lo delataba a la ministra de Igualdad, la señora Irene Montero, la misma que sostiene que toda persona tiene derecho a sentir el género que le dé la gana y en cualquier momento de su vida.

El padre ingenuo se libró esta vez de una represalia merecida por ignorar la ideología de género que nos controla, pero quizá no tenga tanta suerte la próxima vez, cuando ya no esté rodeado del calor del hogar, leyendo el periódico plácidamente sentado en un sillón, sino en su puesto de trabajo, maestro tenía que ser, bregando con decenas de niñas que quizá piensen que cuando sean mayores también les crecerá la barba.

Nos ha tocado vivir una época convulsa, pues se afirma que la verdad no existe, que todo es opinable, pero donde nadie puede pensar diferente ni salirse del guion de género escrito por esta ideología que se autodenomina progresista. Tanto es así que ya no son los puritanos conservadores los que censuran la letra de determinadas canciones, más bien las rescatan del olvido y las tararean para no volverse locos por culpa de ese sentimentalismo de género aleatorio tan alejado de la verdad. Ahí está, por ejemplo, esa canción del irreverente grupo “Los Inhumanos” que afirmaba con sentido común que las chicas no tienen y nunca la tendrán; y no se referían precisamente a la barba; y que ahora está censurada con pavor por los seguidores de la ideología de género. Una ideología que se ha expandido por todo el espectro político y que atenaza a la izquierda, al centro y a la derecha e impone “su verdad” sin encontrar resistencia social alguna. Pero bien, pese a todo, la verdad acabará brillando en nuestras vidas porque es el único camino que lleva a la felicidad, una felicidad que todo ser humano anhela aun sin saberlo.

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